Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
Las agendas de las autoridades políticas.
Aunque la bien aceitada maquinaria gubernamental se las está ingeniando para pasar por agua tibia la responsabilidad de los que convirtieron la suite de Fortunato Canaán en sucursal de su despacho, se debe tratar de sacar provecho de este escándalo. Una manera es lanzando el esfuerzo por mejorar la transparencia de los principales integrantes del gobierno.
El riesgo de la corrupción siempre va a estar presente. Lo que corresponde hacer ante eso es establecer condiciones para minimizar la posibilidad de que esta pueda hacer de las suyas o, en todo caso, hacerles más difíciles las cosas a los que pretenden obtener beneficios irregulares a costa del Estado.
Un instrumento para avanzar en esa dirección –entre muchos otros– es elevando la transparencia de las agendas de los funcionarios más importantes de la administración pública y, en general, de las personas que toman decisiones relevantes en el Estado, incluyendo, ciertamente, a los congresistas.
Es decir, que las personas interesadas puedan conocer qué van a hacer el presidente de la República, ministros, viceministros, directores generales, congresistas o titulares de pliegos relevantes, cada día, todos los días. Y que dicha información quede registrada con el fin de que sea de fácil acceso en el futuro a todo el que la necesite.
Mientras más detallada sea la información que se ofrezca, mejor será para la transparencia de la gestión pública. Por ejemplo, no solo se debe divulgar con qué personas se reunió una autoridad pública sino, también, el tema de la cita o si se hizo algún pedido específico.
Esto sería muy relevante para los inversionistas interesados en conocer para qué se reúnen sus competidores con funcionarios que pueden tomar decisiones relevantes para sus actividades. Le quitaría negocios, además, a los chuponeadores.
Si este tipo de normas hubiera estado vigente antes, se habría podido conocer, por ejemplo, para qué iba el ex premier Jorge del Castillo, tantas veces, a la suite de Canaán. O, quizá, por el hecho de tener que divulgar dichas citas, estas no se habrían realizado o, en el peor de los casos, se habrían desarrollado en las oficinas de la PCM.
Hace unas semanas, en el contexto de la crisis política ocasionada por los ‘petroaudios’, el premier Yehude Simon dispuso que todos los miembros del Consejo de Ministros revelaran en la web de sus entidades su agenda diaria. Es una muy buena idea para el tema que se comenta, pero hay que cumplirla. Como algunos ministros ya no lo hacen, valdría la pena presionarlos para entusiasmarlos en la tarea.
