Por Augusto Álvarez Rodrich
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De cómo Aurelio Pastor promueve a Abimael
No pensaba leerlo, por intuirlo un bodrio, pero el esfuerzo de impulsador de libros prohibidos del ministro Aurelio Pastor me motivó a querer conseguir ‘De puño y letra’ del terrorista Abimael Guzmán.
Se lo pedí por email a Alfredo Crespo, su abogado, con el viejo cuento de la reseña pero, hasta el cierre de esta edición, nada. Sin embargo, como tenía que escribir esta columna, y no es bueno ocuparse de lo desconocido, recurrí a una librería clandestina donde me consiguieron un ejemplar a precio exagerado de mercado negro (gracias Aurelio). Salí del lugar con el libro dentro de la camisa por si había algún soplón suyo en la zona.
Tras revisarlo con la rapidez que demanda una reseña apurada, confirmo mi intuición: es un plomazo de 400 páginas con dos partes centrales: la vida de Guzmán, y la estrategia del juicio con apreciaciones sobre hechos ya conocidos. Periodísticamente, no hay mucha ‘pepa’ más allá de las cartas de amor al final del libro que proyectan a alguien que ya tiró la esponja.
Si no fuera por el ministro, ni lo habría comprado. En un país donde, lamentablemente, casi nadie lee, él se ha encargado de que la piratería lo ponga en los principales semáforos del país.
Pero Pastor no parece dispuesto a perder ‘esta oportunidad’ y entonces ha interpuesto denuncia por apología del terrorismo. Escuché anoche, en RPP, al procurador Julio Galindo sustentar el caso con argumentos increíbles. Parecidos, de paso, a los de Jorge del Castillo cuando llama ‘terrorista financiero’ a Alejandro Toledo por sus críticas al manejo económico.
Galindo señala que el problema no es el libro sino la presentación del mismo, pero personas que estuvieron ahí y que merecen toda mi credibilidad me comentan que eso no fue apología del terrorismo sino evento decadente. De paso, ministro, ¿informar periodísticamente sobre el tema también es delito?
El gobierno cree que, armando un escándalo con el libro de Guzmán, podrá enjuagar su fracaso en el VRAE. ¿O todo es parte del pacto aprofujimorista? El problema es que, con ese mismo argumento absurdo, tendría que enjuiciar a don Armando Villanueva por hacer el prólogo del libro escrito en prisión por Víctor Polay. ¿Y los textos hechos en similares condiciones por Vladimiro Montesinos y Antauro Humala? Qué raro que en esos casos el Apra no dijera nada. Mientras, por si acaso, esconderé mi libro ‘De puño y letra’, no vaya a ser que el comando Farenheit 451 de Ray Pastor me acuse de apología del terrorismo.
P.D.- Corrección a mi columna de ayer: el recaudador que siguió a Jesús fue Mateo, no Judas Tadeo. Agrego un dato: Alejandro Alayza debió pintar otra vez el cuadro pues el primero se destruyó en el atentado senderista de febrero de 1992 al local de la Sunat con 60 kg. de anfo.
