Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
Creerle o no creerle, that is the (ugly) question.
CHANCAY. Ollanta Humala ha crecido y no se puede descartar que las encuestas lo pongan pronto arriba, algo que produce reacciones comprensibles –y otras no tanto– por la eventualidad de que sea el próximo presidente del Perú. Creerle o no creerle, es el dilema.
Las reacciones de sus rivales son lógicas y solo constatan que Humala está subiendo. Keiko Fujimori dice que es “un lobo disfrazado de cordero” y Pedro Pablo Kuczynski que “quiere eternizarse en Palacio de Gobierno”.
A su vez, algunos medios que lo habían olvidado cuando su candidatura no levantaba ahora han retomado el ataque, desde los que le tienen una tirria antigua hasta los de convicción editorial pusilánime pero que ahora han pasado a demolerlo porque piensan que representa un gran riesgo para el país, incluyendo la pateada del tablero institucional y económico.
Humala ha respondido con un mensaje renovado como el que dio esta semana en Adex, donde se comprometió a “mantener una estabilidad jurídica en el país y a trabajar de la mano con las inversiones, porque para que el Perú gane, todos tenemos que ganar, incluyendo los inversionistas, sean nacionales o extranjeros”. O sea, con Gana Perú, todos se ganan alguito.
Agrega que los cambios que propone –en la Constitución, los TLC, marco tributario, concesiones estatales en infraestructura y explotación de recursos naturales, entre otros– se harían siguiendo lo establecido en las normas, sin violentarlas.
El dilema es creerle o no creerle. Entre los argumentos para dudar del nuevo mensaje de Humala está, para empezar, su plan de gobierno, el cual propone postulados que van en la dirección contraria. Segundo, su tripulación a bordo, donde hay gente sin duda respetable pero firmemente matriculada en el camino inverso al que ahora destaca.
También mellan la credibilidad de Humala los ejemplos regionales de Evo Morales, Rafael Correa y, principalmente, Hugo Chávez, de quien se está difundiendo en estos días una entrevista que le hicieron cuando era candidato y donde prometía no estatizar, no abolir a la prensa libre y no perennizarse en el poder, es decir, todo lo contrario a lo que hace ahora.
Humala ha descartado esa ruta y se esfuerza por mostrarse en la de Lula. Ahora tiene dos semanas para demostrarlo sin perder votos. En el plano político, Humala ha dado señales en estos años de respeto por el marco democrático e institucional, pero la duda está en la economía.
Al margen de la suerte de Humala en esta elección, sería una gran noticia para el país que la izquierda peruana se matriculara –como por ejemplo la chilena– con convicción y no por conveniencia, en el buen manejo económico, combinando con sensatez crecimiento con progreso inclusivo para que, efectivamente, en el Perú todos ganen.
