Por Augusto Álvarez Rodrich
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El Apra nunca será un partido moderno con Alan García
Qué difícil debe ser el esfuerzo de construir un partido político que merezca realmente ese nombre cuando su propio líder es el principal interesado en petardear su situación actual y en demoler su perspectiva futura con el fin de que la agrupación nunca sea algo más que la combi para el transporte de sus ambiciones personales y que sus militantes nunca asciendan más allá del nivel de peón de chacra al servicio exclusivo del gamonal.
Ese es el problema de fondo del Apra que volvió a ser evidente en la discusión sobre la continuidad o cancelación de la candidatura municipal de Carlos Roca. Mientras él convocaba para la presentación de su plan de gobierno, en su partido debatían sobre a quién apoyar ahora en la elección.
Decir ‘su partido’, sin embargo, puede ser una exageración pues el único que toma las decisiones relevantes en el Apra es el presidente Alan García. Inicialmente, él estuvo en contra de la candidatura de alguien del partido y no perdió la oportunidad de manifestarlo en público. Luego, este último fin de semana, el jefe de Estado tomó la decisión de arrimar a Roca sin tener la gentileza de avisarle previamente sino mediante una notificación por titular de periódico.
¿Así se trata a los dirigentes del partido? ¿Tan superior se siente García por haber sido la locomotora para que ‘su’ partido llegue dos veces al poder que cree que puede maltratar a quien le dé la gana? Ningún logro personal puede convertirse en licencia para eso, entre otras razones, porque el fortalecimiento de un partido político requiere, de manera indispensable, el respeto a los mecanismos democráticos al interior del mismo.
Es por eso que el mensaje de ayer de Roca para defender su candidatura frente a la intención de García de abortarla –al margen de que su posibilidad de ganar sea nula–, indicando que esta fue una decisión de una asamblea que no puede ser modificada por una imposición personal, constituyó un llamado relevante por la institucionalidad del partido.
“Basta ya de imposiciones”, fue el reclamo legítimo que Roca planteó ayer y que parece dirigido a García. Pero es, también, un reclamo ingenuo pues es obvio que en el Apra no hay otra voz que ronque que no sea la del presidente del partido, quien ejerce el cargo como un gamonal de chacra.
Si bien eso puede servir al interés particular de García para usar a la agrupación como su plataforma personal con el único fin de hacerlo llegar a Palacio, para el Apra esto constituye la principal limitación para transformarse en un partido político moderno y democrático que contribuya efectivamente al país.
