Ojalá que hayamos tocado fondo y venga el rebote.
Fútbol, casi un estilo de ser peruanos, fue el título de un estupendo artículo de Abelardo Sánchez León publicado en el número diez de la ya extinta revista Debate, en 1981, en el que se explicaba a nuestro principal deporte según las desventuras del país.
Pero eso fue hace más de tres décadas, cuando el Perú vivía de crisis en crisis, aunque, nuestro fútbol, mal no iba. Al contrario, le iba bien.
Como es obvio, muchas cosas han cambiado en el país desde entonces.A inicios de los ochenta, el Perú experimentaba el retorno a la democracia tras doce años de dictadura militar, vivir en crisis económica era normal, la deuda externa agobiaba –había hasta cursos universitarios sobre el tema–, y Sendero Luminoso irrumpía como un fenómeno que casi nadie –de izquierda a derecha– interpretó bien lo que iba a significar.
El presidente era entonces Fernando Belaunde, a quien lo sucedió, en 1985, Alan García I, quien hizo méritos suficientes para que su primer gobierno compitiera, con ventaja, como uno de los peores de la historia peruana, un mamarracho total en el que el terrorismo creció, la economía colapsó, y la corrupción floreció.
Con García tocamos fondo y, aunque con Fujimori, después, mejoramos en la economía, en decencia y ética públicas el deterioro empeoró hasta lo inimaginable.
En el fútbol, en cambio, al comienzo de los ochenta no nos iba mal. En la década anterior fuimos a dos mundiales –México 70 y Argentina 78– y luego iríamos a España 82, el último que jugamos. Nuestros futbolistas eran gente decente, su primer contrato era para comprarle la casa a la mamá –y no como ahora para el combo ‘vedette-carrazo-relojazo’–, los dirigentes deportivos eran respetados y al estadio se iba con la familia.
Tres décadas después, el Perú ha cambiado en varias cosas y para bien. El país se va modernizando, la economía crece, el terrorismo está –parece– en vías de desaparición, y hasta Alan García II hizo un gobierno ordenado.
No todo ha caminado, sin embargo, al mismo ritmo. La economía crece pero 30% sigue pobre. Además, muchas actividades siguen en medio de la informalidad, la ilegalidad, la corrupción, la mafia, y el atraso.
La política, por ejemplo. O el fútbol, donde a pesar de que hay equipos que se han modernizado y pretenden hacer las cosas bien –San Martín, César Vallejo o Juan Aurich–, hay otros, como los compadres Alianza y la U, que vienen en el desastre.
Pero hoy ya no se puede sostener, como Balo hace tres décadas, que el fútbol es casi un estilo de ser peruano. Hoy el país está mejor y nuestro fútbol, en cambio, está peor. Lo bueno es que parece que ya tocó fondo. ¿O todavía falta caer más? Ojalá que la crisis actual sea el punto de inflexión.
