Por Augusto Álvarez Rodrich
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Está peleado el Escapulario del Señor de los Milagros
n el primer día del año arriesgué en este espacio algunas proyecciones para el 2009. Una fue que los ‘petroaudios’ pasaban al olvido. No pensé, sin embargo, que se iba a cumplir tan rápido gracias a algunos faenones que son tan vergonzosos que hacen palidecer al de Rómulo León y Alberto Químper.
El primero es de la claque de ayayeros de Jorge del Castillo, quien ha tenido que caminar pisando huevos para, primero, desprestigiar a la comisión parlamentaria de los ‘petroaudios’ y, luego, casi simultáneamente, alabarla por salvar al caserito de la suite de Fortunato Canaán, quien –¿se acuerdan?– iba a financiarle su campaña presidencial del año 2011.
Del Castillo se salvó gracias al segundo faenón de esta temporada, el del fujimorista Carlos Raffo, uno de los travestis más exitosos de la política peruana. De fiscal principal pasó a ser defensor de oficio (el más antiguo) en la comisión.
Raffo es un impostor que ya nos tiene acostumbrados a sus maniobras. Hizo la misma finta hace poco, cuando se pasó un mes diciendo que no votaría por el Apra en las elecciones para la mesa directiva del Congreso; al final, sin embargo, votó por el candidato aprista. Raffo no es otra cosa que el negociador de Alberto Fujimori, su ganzúa para la libertad.
El tercer faenón es de los medios que –como El Comercio– le restaron importancia a la denuncia de los petroaudios diciendo que el problema principal eran los chuponeadores. Cuando los encontraron –la Fiscalía, no ellos– y se identificó que son gente cercana a la Marina y al vicepresidente, ahora desvían la atención hacia ‘los clientes de los chuponeadores’. Más vergonzoso es que un agente de Luis Giampietri como Hugo Guerra siga atacando en esas páginas a los periodistas que destaparon este escándalo que él pretende encubrir.
El cuarto faenón es del presidente Alan García, nuestro gran Zelig, quien ha pasado en tan poco tiempo de proclamas para “botar a las ratas” a reducir el caso a un “escandalete” y, ahora, a olvidar a los corruptos e irse contra los “mercaderes malditos del chuponeo”. ¿No eran los mismos que le filtraban a su equipo información de sus rivales en la última elección? Ojalá que esta investigación llegue de verdad hasta el final.
El último faenón es más silencioso pero igualmente penoso, y es del premier Yehude Simon, quien acaba de presentar su plan anticorrupción justo cuando la corrupción, con todo lo que está pasando, se fortalece y él no tiene nada que decir.
El escándalo de los petroaudios será la gran oportunidad perdida del gobierno aprista para deslindar con la corrupción. Qué lástima.
