Alcance y límite del nuevo esquema del gobierno.
No ha pasado ni un par de días del cambio de gabinete y ya es evidente de que el presidente Ollanta Humala lo hizo por el convencimiento, debido a la fuerza de los hechos, de que el estilo de choque que aplicó en el primer semestre lo estaba empujando al abismo, y de que era urgente apostar por el diálogo.
El nuevo premier Juan Jiménez Mayor no deja de resaltarlo: “Estamos construyendo un proceso de diálogo. Pido a la prensa que sea comprensiva, que no empuje –como señalaron monseñor Cabrejos y el padre Garatea–, todo con tiempo y calma”.
La designación de los facilitadores de Cajamarca fue una expresión del hartazgo del presidente Humala por el enfoque de choque que él puso en marcha con Óscar Valdés como ariete. El relevo del gabinete se hizo, precisamente, para desechar ese esquema y reemplazarlo por el diálogo.
Esto ya se puso en marcha con una fuerte carga de simbolismo. Anteayer, el premier Jiménez participó en una cadena de oración con representantes no solo de la iglesia católica sino de todos los credos. Asimismo, ayer se reunió con la dirigencia de la CGTP en su propia sede y pronto hará lo mismo con la Confiep.
A su vez, el próximo presidente del Congreso, Víctor Isla, ha prometido que una diferencia con su predecesor será el ánimo de concertación con todas las fuerzas parlamentarias.
Humala, por su parte, ha respaldado el enfoque planteado por el premier: “Vamos a darle más fuerza al tema del diálogo pero respetando también el principio de autoridad”.
El nuevo esquema sustentado en el diálogo va a estar acompañado de un conjunto de elementos que van a marcar una diferencia con lo hecho durante el premierato anterior: un enfoque más político; reforzar la capacidad de prevención y administración de los conflictos sociales; ‘descongalizar’ la agenda gubernamental; un ritmo intenso de giras del presidente Humala por todo el país para acercarse a la gente y asociar su figura política con la obra pública y medidas a favor de la ciudadanía más pobre; y, en general, una mayor preocupación por las formas, las cuales son tan importantes en política.
Este nuevo esquema, junto con la promoción del diálogo en el marco del respeto a la ley, está muy bien, pero el gobierno debiera tener cuidado de los riesgos que enfrenta y que podrían hacerlo trastabillar.
El principal es que el diálogo sea utilizado como biombo de la continuación de las indecisiones en el gobierno y la debilidad clamorosa de muchos ministerios para poner en marcha políticas públicas fundamentales y que, mientras tanto, recrudezca la conflictividad social y se reavive la sensación de desorden y caos.
Eso es lo que la DBA, que se sentía tan bien representada con Valdés, está esperando que ocurra para volver a encaramarse en el gobierno.
