Por Augusto Álvarez Rodrich
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¿Qué es, en realidad, ‘la izquierda’ hoy en el Perú?
El triunfo de Fuerza Social (FS) en Lima y la cercanía del proceso presidencial han acelerado el debate sobre la participación de ‘la izquierda’ en la elección 2011 y puesto de manifiesto diferencias muy grandes en el espacio político ubicado a la zurda del centro, lo cual limita una postulación conjunta, salvo que lo único que interese sea, en lugar de ideas, el reparto de puestos en la lista de candidatos.
El camino recorrido durante las últimas tres décadas por la izquierda ochentera ha sido diverso. Es el caso de FS, liderada por Susana Villarán con un grupo tecnocrático cuyo enfoque sobre la economía y la política es muy diferente del que tienen muchos políticos usualmente considerados de izquierda.
Por un lado, su enfoque económico se sustenta en una economía de mercado con un papel relevante del Estado, pero en calidad de supervisor y orientador general. Por el otro, en el campo político, se ha caracterizado por un valioso respeto de las formas democráticas en su interior . Además, es clara su distancia frente a dinosaurios como Fidel Castro y Hugo Chávez.
Eso no es lo que piensa la mayoría de políticos reunidos el sábado en el ‘Segundo encuentro de la izquierda peruana’ celebrado en la Casa del Maestro, y al que no asistió nadie de FS.
Aunque FS no lo quiera reconocer, su asociación electoral con Patria Roja/MNI se explica por la duda que tenía sobre la inscripción para el proceso municipal 2010. Al final, esto casi le cuesta la derrota a Susana Villarán pues fue el factor crucial que ahuyentó a un sector del electorado que sí quería votar por ella, pero que se asustó al verla junto a tanto cavernícola político.
El Partido Nacionalista (PN) parece tener un entendimiento contrario del mismo fenómeno al asumir –erradamente– que FS creció por su vinculación con PR/MNI. Además, la irrupción de Villarán en la escena nacional ha tenido, entre otras víctimas políticas, a Ollanta Humala justo cuando este requería proyectar una imagen de izquierdista menos radical, una tarea a la que –la verdad sea dicha– tampoco le puso mucho entusiasmo.
Aún más a la zurda está un conjunto de políticos, entidades y partidos de la ‘vieja izquierda’ con propuestas anquilosadas y muy distantes de las que tiene FS, como –entre muchas otras– un cambio radical del enfoque económico vigente.
La unidad de este grupo variopinto parece imposible o, en todo caso, difícil de alcanzar en un período breve como los dos meses que faltan para el cierre de las candidaturas.
FS debiera apostar, por el bien de su propia perspectiva y la del país, a la construcción de una izquierda moderna, democrática y liberal como la que ha permitido el progreso inclusivo en países como España o Chile, en lugar de perder el tiempo en la reconstrucción de un Frankenstein político que ya demostró su fracaso.
