‘Ella quiere gobernar’, dice la gente. Y tienen razón.
Con 64.2 por ciento, Nadine Heredia apareció esta semana como la integrante del gobierno con mayor aprobación, confirmando una popularidad que es creciente, y planteando la pregunta de si esto beneficia o perjudica a su esposo, el presidente Ollanta Humala, cuya aprobación anda, según CPI, 5.5 puntos menos que la de ella.
Sus atributos más valorados son que ‘se preocupa por los más necesitados, viaja a todas las provincias’ y que ‘apoya a su esposo, es su mano derecha, lo asesora bien e influye en sus decisiones’. Como ocurre en estas encuestas, los atributos negativos son la otra cara de la moneda: ‘quiere hacer política, toma decisiones como presidente, ella quiere gobernar’.
El sondeo de CPI apareció poco después de la encuesta del poder que este año colocó a Heredia como la tercera persona más influyente del país, la ubicación más alta alcanzada por una primera dama en los 31 años que tiene el estudio de Apoyo.
En una sociedad presidencialista y con instituciones débiles, el poder depende de la cercanía o influencia con el jefe de Estado. Ser la esposa, por tanto, otorga poder pero no basta. La otra primera dama mejor ubicada en esta encuesta fue Eliane Karp: 6 en 2001, 7 en 2002 y 8 en 2003. Pero luego las críticas a su actuación la sacaron de la decena más poderosa del país.
El poder de Heredia se explica no solo por ser la primera dama sino porque, además –y más importante–, ella está muy involucrada y participa en las decisiones relevantes del gobierno, en las presentaciones públicas del esposo, y en los viajes que este realiza tanto al interior del país como al extranjero.
De hecho, en su Twitter, Nadine Heredia no se define como la primera dama sino como la ‘Co-fundadora del Partido Nacionalista Peruano’, lo cual transmite el mensaje de que este gobierno es, por decirlo de algún modo, ‘un negocio familiar’.
Es por ello que los tuits y retuits que envía desde su Twitter logran una influencia muy alta dentro del gobierno y un rebote mediático poderoso. Estos mensajes –seguramente coordinados con su esposo– transmiten de un modo informal, pero no por ello menos efectivo, la voz oficial. Omar Chehade lo sabe muy bien: tras el tuit del caminar derecho, dentro y fuera del gobierno todos supieron que la pareja de Palacio le había bajado el dedo al hoy precario vicepresidente.
¿Beneficia o perjudica el estilo de Nadine Heredia al presidente y al gobierno? Todo apunta a que ella le aporta a su marido puntos de vista que lo benefician, a él y al gobierno del partido que ella ‘cofundó’.
Además, en un país donde el ‘sacolarguismo’ es una institución antigua y sólida, la influencia de Nadine Heredia puede transmitir una revalorización del papel de la mujer, de unidad familiar y de decisión conjunta en el hogar que a muchos les puede gustar.
