Por Augusto Álvarez Rodrich
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Ineficiencia y corrupción agobian al gobierno
El nuevo premier tendrá que ser alguien con reputación de eficiente y honesto porque el gobierno tiene dos problemas complicados con la inversión: la pública va como tortuga, y en la promoción de proyectos privados la corrupción corre como liebre.
Cuando la crisis internacional obliga a una política anticíclica con el gasto e inversión públicos, el gobierno está respondiendo con mucha lentitud. Según el MEF, en el primer semestre solo se pudo ejecutar el 22.3% de la inversión pública prevista para todo el año. El peor sector es Interior, de la ministra Mercedes Cabanillas, que solo invirtió el 2.9%. Pero, como es aprista, los compañeros se muerden la lengua y no la zarandean como hizo Jorge del Castillo con Carmen Vildoso.
Pero el nuevo premier no solo debe tener habilidad para acelerar la inversión pública sino, también, para devolverle transparencia a la promoción de la inversión privada, un área donde el Estado está mostrando deficiencias alarmantes.
El sospechoso vaivén en la concesión de la planta de tratamiento de aguas residuales de Taboada vuelve a este caso el más notorio del proceso de descomposición en la promoción y regulación de la inversión privada, aunque no es el único.
Tras varios meses de dilaciones, el gobierno dio, sin justificación válida, un decreto de urgencia para prácticamente anular la licitación de Taboada que ya había ganado la española ACS y perdido las brasileñas Odebrecht y Andrade Gutiérrez, aprovechando la ausencia del ministro Luis Carranza y con la firma del interino José Antonio Chang.
La amenaza de renuncia del titular de MEF y el escándalo que empezaba, llevó al gobierno a un ligero retroceso que, no obstante, sigue dejando pintado en la pared a ProInversión y la puerta abierta para que los concursos sean ganados por quienes señale el dedo amigo del gobierno aprista.
Taboada no es el único enredo sospechoso. Las contramarchas con las acciones del Estado en las azucareras, el sobrecosto de la Interoceánica, la anulación por parte del TC de la adjudicación de los terrenos de Collique, la rara vinculación con Panamericana, el descontrol que le permitió a Doe Run estafar al país, para no hablar de lo cocinado en la suite de Canaán, o de las versiones sólidas de miembros del gobierno que, a través de parientes y asociados, se inmiscuyen en negocios privados hasta con el chantaje, son señales alarmantes.
Cuando asumió la presidencia de Confiep, Ricardo Briceño ofreció promover la ética empresarial. Quizá este sea un buen momento para reiterarlo, pues lo que está sucediendo perjudica al país. Hay que evitar que, como suele ocurrir, los que llegan al poder salgan con mucho más dinero del que llegaron.
