Por Augusto Álvarez Rodrich
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Especulaciones locales alrededor del espionaje chileno
La declaración del presidente Alan García sobre el espionaje chileno es –más allá de algunos comentarios como el de ‘la envidia’ que supuestamente producimos– una respuesta atinada para una situación compleja que demanda, por un lado, la combinación del rechazo enérgico a un acto repulsivo, con la serenidad para dejar esa puerta abierta que la diplomacia siempre requiere; y, por el otro, impedir que se empuje al país a una carrera armamentista.
Esto último ni nos conviene ni tenemos cómo solventarlo, especialmente cuando algunos pretenden aprovechar la captura del espía –que merece la condena indubitable– a favor de su agenda propia, lo cual plantea la interrogante de qué pasó entre fines de octubre, cuando fue detenido el suboficial FAP Víctor Ariza, y el jueves pasado en que esto se divulgó en RPP.
La falta de información certera obliga a la especulación sobre la oportunidad de la filtración de la noticia. Una posibilidad es que el presidente García estuviera de acuerdo con el momento escogido, en el entendido de que sirve al interés nacional que ocurriera en medio de una cumbre como APEC 2009 para que líderes mundiales tomaran conocimiento de las actividades encubiertas de Chile y de su armamentismo desenfrenado.
La otra opción –quizá más probable– es que el presidente sí conociera la detención pero fuera sorprendido por la oportunidad de la revelación. ¿Por quiénes? Por ejemplo, por algunos que piensan que la noticia derrumbará al enfoque de ‘cuerdas separadas’ en la relación Perú-Chile o, al menos, desplazará la prioridad actual del factor económico hacia el político.
Esto ocurre, además, en un contexto en que dichas corrientes plantean una agenda que va desde la oposición al acuerdo ‘TLC’ Perú-Chile, así como a la iniciativa regional antiarmamentista del presidente García, o presiones para aumentar el presupuesto militar de remuneraciones y equipamiento. En este sentido, la difusión de la noticia favorecería, en este momento, el enfoque de quienes defienden esa agenda al ayudar a que el presidente ceda más fácilmente en algunos de sus puntos.
Por ejemplo, el general Edwin Donayre, quien el domingo se lanzó con todo por un mayor peso militar en el país. De paso, imposible olvidar en este contexto que su reciente libro ‘El silencio de los héroes’, presentado en junio pasado, se publicó con el auspicio de la Universidad Alas Peruanas, fundada por suboficiales FAP –como el espía Ariza– y hoy en la picota.
Por ello, es valioso que el presidente García enfatizara ayer su oposición a meter al país a una carrera armamentista, y el reforzamiento de los mecanismos diplomáticos para sustentar la posición peruana. Esto, que es lo más sensato y realista, debe consolidarse a través de la convocatoria de las principales fuerzas políticas.
