Alianza-U: rivalidad que se valora, respeta y quiere.
Mejor ser honesto y aclarar, desde el pitazo inicial, que nunca he podido entender cómo se puede ser hincha de un equipo de fútbol cuya camiseta parece desteñida por una mala lavada. Pero soy consciente, también, de que una sensación parecida deben tener los hinchas de la U frente al Alianza Lima, su eterno rival.
Como ya se habrá dado cuenta el lector, a mí –como a cualquier hincha del Alianza–, la U no me gusta nadita. Sin embargo, como lo sabrá reconocer cualquier blanquiazul, la propia existencia de su equipo pasa por la vigencia de Universitario.
Alianza y la U se requieren mutuamente pues sus existencias perderían sentido sin el otro. Se puede tolerar dejar de campeonar un año, pero una derrota en el clásico te tira al piso. Por eso mismo, es tan importante que la rivalidad deportiva entre la U y Alianza camine junto con el respeto mutuo a partir de la constatación de que un equipo es el motor y motivo del otro.
Que Alejandro Villanueva se entiende junto a ‘Lolo’ Fernández, como ‘Perico’ León a Roberto Chale, el ‘Nene’ Cubillas al gran capitán Héctor Chumpitaz, Germán Leguía a Guillermo La Rosa, ‘Pitín’ Zegarra a Julio Cruzado, que Julio Baylón era un gran jugador porque podía –a veces sí, a veces no– llevarse al gran Nicolás Fuentes, y que las elegancias del poeta César Cueto eran más elegantes aún si eran frente al ‘Puma’ Carranza.
Disculparán que mis referencias sean bastante anticuachas, pero esas son las que me gustan. Sigo el fútbol peruano con intensidad, pero reconozco que el actual me decepciona y que la mayoría de clásicos me produce –en el estadio o ante la TV– sueño. Pero, a pesar de esa modorra, los triunfos del Alianza frente a la U me emocionan más que nada en el fútbol, y las derrotas –como la del sábado fatídico, con gol en el descuento– me apabullan. Por todo ello, la relación de Alianza con la U solo puede implicar respeto profundo y agradecimiento por el gran rival, un equipo con historia, peso y mucha garra.
“Sabemos y entendemos que un cambio de camisetas no es la solución al problema de la violencia en los estadios y en la sociedad, no somos tontos. Pero ¿sabes tú qué es un gesto? ¿Entiendes tú que un cambio de camisetas es un gesto que puede hacer entender a muchos que una vida vale más que una camiseta?”, dice Heduardo con mucha razón ayer en su blog.
La solución a la violencia creciente que ha convertido a los estadios en espacios de tragedia y no de celebración requiere respuestas de la policía y de las dirigencias, pero esto pasa, antes que nada, por un cambio de actitud del hincha, quien debe reconocer que el fútbol es, antes que nada, motivo de vida y no de muerte, pues una vida vale más, mucho más, que una camiseta.
