Por Augusto Álvarez Rodrich
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Se debe investigar si hay un nexo ejército-narcotráfico
Los peruanos mirábamos la revelación de documentos de la diplomacia de Estados Unidos como un maremoto en zonas lejanas hasta que, el domingo, El País desató unas olas enormes que llegaron a nuestras costas con un potencial efecto destructor aún no determinado.
Lo revelado por wikileaks no es poca cosa: siete documentos en los que el ex embajador de EE.UU. en Lima reporta al Departamento de Estado, en marzo de 2009, sobre vínculos entre el narcotráfico y mandos del Ejército Peruano, incluyendo, entre otros, al actual comandante general, Paul Da Silva Gamarra.
Los documentos revelados incluyen a otros oficiales como el ex comandante general Edwin Donayre y, en general, aluden a que no se habría roto la influencia del narcotráfico en el ejército que se fortaleció durante el fujimontesinismo.
¿Qué debería hacer el gobierno del presidente Alan García ante una noticia de este calibre? Primero, entender que una función de la diplomacia –aquí y en todos lados– es informar a sus gobiernos sobre asuntos relevantes para sus intereses. La evolución del narcotráfico en el Perú es, sin duda, un asunto que le interesa a Estados Unidos. Esos informes, sin embargo, pueden basarse en rumores relevantes o información comprobada. Aún no es claro, en este caso, de qué estamos hablando.
No se puede, por tanto, manchar honras de modo injusto, pero tampoco se puede –como ayer quisieron hacer varios– descartar la información revelada o argumentar que no se debe agraviar a la institución militar. Los delitos siempre son personales y no se debe usar a la organización para enjuagarlos.
Esto es particularmente relevante porque el narcotráfico es un negocio cuyo avance requiere, por su naturaleza ilícita, de la colaboración solapada de congresistas, alcaldes, regidores, presidentes regionales, ministros, policías, jueces, fiscales, periodistas o militares, entre otros. Asimismo, según cifras oficiales, el narcotráfico dejaría anualmente en el país entre US$2,000 millones y US$6,000 millones. Con una chequera de ese tamaño, es obvio que alcanza para un shopping generoso.
Hay motivos para pensar, por tanto, que informes como el de diplomacia de Estados Unidos no se deben tirar a la basura, pero deben investigarse con todo rigor.
El telón de fondo de estos destapes es el total desinterés de los políticos peruanos por el problema del narcotráfico. ¿Alguien ha escuchado a algún candidato presidencial una propuesta interesante en la materia?
.D. Dos amigos me hicieron notar lo inconveniente de la mención, en mi columna de ayer, de ‘enfermito’ cuando me referí al ego presidencial. Es un error que desvía lo que en realidad quise decir. Lo apropiado habría sido decir ‘paciente’. Ofrezco disculpas.
