Por Augusto Álvarez Rodrich
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La derrota de todos los hombres y mujeres del presidente.
MOYOBAMBA.- Entre otras cosas, la política peruana es singular porque varias cabezas de instituciones que debieran guardar neutralidad durante una elección o, al menos, observar un decoro de reminiscencia suiza, sencillamente se zampan con todo en las campañas. Lo hacen, sin embargo, con poca suerte porque sus preferidos están acabando por las patas de los caballos.
Que algunos periodistas decidan tomar partido durante las elecciones con el entusiasmo de un jefe de barra ya es algo cuestionable, aunque no deja de ser parte del derecho periodístico de libertad de pensamiento. Pero que lo hagan otras figuras del elenco estable del poder ya es algo más extraño.
Como ver, por ejemplo, al insólito presidente del Poder Judicial, Javier Villa Stein, transformado en candidato afiebrado a sabe Dios qué y que acaba convirtiendo cada ceremonia oficial en mitin proselitista. O, también, constatar que el cardenal Juan Luis Cipriani transforma cada misa o programa radial en evento político, donde no se limita a opinar sobre el curso de los eventos sino, como ayer nomás, realiza una toma radical de posición a favor de determinados candidatos.
Pero no le ha estado yendo bien a los candidatos del cardenal, al igual que a los del presidente Alan García, que en estas cosas, como en muchas otras, coincide bastante con su eminencia. Eso lo recuerda una caricatura de Carlín de esta semana, en la que el presidente García está en la línea de partida de una carrera de autos protagonizada por los principales candidatos presidenciales y le está diciendo a Luis Castañeda –su preferido– “Lo que necesitas es un buen empujoncito, Lucho”, pero más adelante se observa, desbarrancados, a quienes han sido previamente sus candidatos: Alex Kouri y Lourdes Flores.
El presidente García –cómo olvidarlo– le prometió a la banca internacional, para su tranquilidad, que si bien él no puede garantizar quién lo reemplazará, sí puede impedir que llegue al poder alguien que a ellos –y a él, naturalmente– no les guste. Después, García trató de desdecirse y en su mensaje de Fiestas Patrias ofreció neutralidad, pero habría que ser un caído del palto para creerle a un político protagonista e incontinente frente a la posibilidad de ser la novia de toda boda, el cadáver de todo entierro y el manipulador de toda elección.
Sin embargo, la banca debiera preocuparse porque García está fallando grotescamente en su promesa de vetar candidatos. Dos ejemplos notorios de su declinante influencia en estas lides son los triunfos recientes de Susana Villarán en Lima y de César Acuña en Trujillo –y, en general, en el ‘sólido norte’ que hoy este domina–, cuyas candidaturas García hostilizó durante los últimos meses. Lo que pasa es que la gente no es idiota, como el presidente suele asumir en cada una de sus transformaciones proselitistas.
