En contra de Martha Hildebrandt; a favor de Hilaria Supa.
Por: Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
Hace un mes, cuando la congresista Hilaria Supa estaba por ser designada presidenta de la Comisión de Educación, tuve la oportunidad de entrevistar en el noticiero Primera Noticia al líder de su partido, Ollanta Humala, y le pregunté por esa posibilidad con un tono de duda sobre su capacidad para desempeñar ese puesto.
Humala me preguntó si me estaba sumando al cargamontón racista contra Supa. Contesté que por supuesto que no, que solo me refería a su capacidad para ejercer esa función. Así lo pensé realmente, pero poco después me di cuenta de que, para mi vergüenza, mi comentario sí implicaba un prejuicio.
Me percaté de ello cuando, al día siguiente, leí las columnas del educador León Trahtemberg y de la periodista Patricia del Río, en Correo y Perú.21, respectivamente, sobre la designación de Supa. Ambos coincidieron –y me convencieron– en que la duda sobre su capacidad sí implicaba un prejuicio.
Eso me llevó a ofrecer, en mi programa en Radio Capital, las disculpas que hoy resumo aquí en mi columna de La República a propósito de la renuncia que la congresista Martha Hildebrandt efectuó ayer a la Comisión de Educación.
En realidad, no es a la Comisión de Educación sino a la “Comisión de Educación, Ciencia, Tecnología, Cultura, Patrimonio Cultural, Juventud y Deporte”, lo cual es un indicio de que, por su amplitud exagerada, se trata de un mamarracho inútil.
“Es una burla que la Comisión de Educación se entregue, por motivos políticos, a una persona de tan bajo nivel cultural”, dijo ayer Hildebrandt, alguien a quien respeto pero con quien también discrepo, como, sin duda, lo hago en este caso.
La posición de Hildebrandt sí es discriminatoria. Además del hecho de que todas la designaciones en el Congreso son políticas, porque los requisitos que supuestamente ella le exige a Supa no le incomodan cuando se designa al frente de otras comisiones a personas que no saben nada del tema de las mismas pero sí hablan con alguna fluidez en español.
No solo no saben nada del tema sino que son, con alguna frecuencia, un conjunto impresentable de mediocres y corruptos que, sin embargo, eso sí, hablan en español. En realidad, varios de ellos solo lo balbucean pero –eso sí– con desenfado.
No conozco a Hilaria Supa, pero, por lo que he leído de su trayectoria, tengo la intuición de que es una persona valiosa que ha logrado, con mucho esfuerzo, avanzar contra la adversidad de un sistema profundamente discriminatorio y excluyente contra la mujer quechuahablante de zonas rurales. Solo por eso, merece la oportunidad de demostrar que puede presidir una comisión parlamentaria. Y, por eso también, no merece la falta de respeto de Martha Hildebrandt.
