Por Augusto Álvarez Rodrich
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Lo que Aráoz debe aprender de la renuncia de Carranza.
Luis Carranza le deja la valla bien alta a Mercedes Aráoz por la excelente situación de la economía peruana lograda en su gestión y –algo crucial– haber demostrado vocación de renuncia, y coraje para ejecutarla, cuando, como ocurrió el fin de semana, se violan principios elementales, lo cual constituye una gran diferencia con varios atornillados al cargo –y disposición a todo– que hay en este gabinete.
El 2009 se recordará como un gran año de la economía peruana porque superó la peor crisis internacional de las últimas tres décadas: fue una de las pocas que creció en la región, su perspectiva es ahora más sólida que hace doce meses y –por todo eso– Moody’s le otorgó el tercer grado de inversión.
Como le sucede a las personas que se topan con el éxito en algo sobre lo que saben poco, el presidente Alan García se envalentonó y empezó a dar señales peligrosas. Por ejemplo –como anotó este espacio hace poco–, despotricando del SNIP con un discurso calamitosamente populachero, o deteniendo la reforma constitucional para darle más autonomía al BCR.
Ahí no quedó la cosa. El viernes pasado, el presidente García organizó una cita en Palacio sobre exoneraciones tributarias para la zona andina. Consciente de que Carranza se opone a esos privilegios que –como en la selva– solo consiguen llenar el bolsillo de alguien sin contribuir a la región, el presidente no lo convocó y, también sin avisarle, publicó la norma el sábado.
Entonces, Carranza canceló todo, como una entrevista el domingo en Cuarto Poder, y pidió una cita a Palacio para preguntar qué pasaba. El presidente lo recibió el lunes y, ante la renuncia del ministro de Economía, le pidió que “lo pensara mejor”. No es, como dijo García, que el ministro ya se quería ir.
Conociéndolo como lo conoce, García sabía que su decisión implicaba la renuncia irrevocable de Carranza. Eso quería ahora que entra al tramo final, pero necesitaba ganar tiempo para conseguir un reemplazo potable que encontró en Aráoz.
Ella es una profesional honesta, capaz y con experiencia suficiente –por los tres años y medio en el gabinete– para ejercer este cargo complejo. El problema no son sus conocimientos sino su real capacidad para contener la voracidad de un presidente como García que, de economía, sabe poco y de politiquería, en cambio, mucho, y que está dando señales de que, luego del freno que le puso Carranza durante buena parte de lo que va del gobierno, se le está saliendo ese ‘Hulk económico’ que lleva dentro, verde furioso, pujando por salir.
Así es que, como señaló esta columna hace dos semanas (‘Fábula del buen salvaje’), “ojo, nomás, con lo que pueda hacer en el último año de su segunda Presidencia”. Y, como habría dicho Manuel Raygada, “Mechita de mis ensueños, muñequita seductora … Mechita, tú bien sabes”.
