La agenda nacional de competitividad 2012-2013.
La presentación de la agenda nacional de competitividad 2012-2013, hace un par de días, es un hecho cuya gran importancia es inversamente proporcional a la atención que ha recibido en la política y en las noticias.
El gobierno del presidente Ollanta Humala tardó en la conformación de equipos y, además, sobre la marcha, una vez que ya se había levantado el telón, debió ir tomando definiciones sobre políticas públicas y atrayendo profesionales cuyo pensamiento estuviera acorde con esas posiciones.
Por ello, era de esperarse cierta demora en la formulación de las líneas maestras que deben guiar su gobierno. Pero lo bueno es que esto ya se está produciendo. En este sentido, a inicios de febrero se presentó el plan de inclusión social cuya meta central es reducir la pobreza de 31% en el año 2010 a 16% en el 2016.
La otra cara de la moneda en el terreno económico, que es muy importante para contribuir al objetivo de la inclusión social, es que el país logre un avance sustantivo en el terreno de la competitividad. Es por ello que es muy relevante la presentación reciente de la agenda de competitividad para los siguientes dos años.
Lo interesante de esta agenda es que, en lugar de desandar lo hecho, ha validado el plan ya diseñado en el año 2005 a través de un proceso en el que han participado los sectores público y privado y la academia.
Esa evaluación se concretó en la agenda 2012-2013 aprobada en el Consejo Nacional de la Competitividad, el cual está ahora presidido por el ministro de Economía y Finanzas en lugar del presidente del Consejo de Ministros, cuya preocupación suele ser más política y –como ocurre ahora– focalizada en un cortoplacismo que busca cuidar el puesto.
La agenda busca promover la competitividad del país mediante el incremento de productividad y de la eficiencia del Estado, involucrando a las regiones, a través de siete líneas estratégicas con metas e indicadores específicos en cada una de ellas: ciencia, tecnología e innovación; desarrollo empresarial, calidad y educación productiva; internacionalización; infraestructura; tecnologías de la información y comunicaciones; facilitación de negocios; y ambiente.
Como bien ha dicho el ministro Miguel Castilla, ya es momento que el MEF se ponga a darle a la economía el mismo peso que han tenido las finanzas. O más. Y es en ese terreno en el que la agenda de competitividad juega un papel crucial, debiendo convertirse en un instrumento de diálogo y fiscalización entre el Poder Ejecutivo, el Congreso, los políticos, los gremios, las regiones y el periodismo.
De paso, si ya se cuenta con los planes de inclusión social y de competitividad, ¿cuándo van a hacer lo mismo con el de seguridad ciudadana?
