Por Augusto Álvarez Rodrich
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Tras el triunfo, recién empiezan los problemas de Villarán.
El plantón de ayer de Fuerza Social (FS) no solo fue pacífico sino que su simple anuncio, el viernes, puso al JNE y a la ONPE a acelerar el final del papelón que protagonizan desde hace veintidós días, llevando el conteo a un porcentaje en el que ya no hay duda del triunfo de Susana Villarán. O sea que recién empiezan sus problemas.
Este plantón fue una respuesta legítima ante el desempeño lamentable de la autoridad electoral. No se puede hablar de fraude pero sí de tantas deficiencias que ya despiertan la sospecha razonable de que algo anda muy mal en el proceso.
La respuesta del PPC de que esa protesta es una presión indebida al JNE y a la ONPE y que se les debe dar toda la tranquilidad para que trabajen a su ritmo parece una insensatez cuando ya han pasado más de tres semanas sin un resultado final.
Pero si esa posición del PPC es entendible por ser la agrupación derrotada, la crítica al plantón por parte del presidente Alan García, del cardenal Juan Luis Cipriani y de los medios vinculados a ellos permite adelantar el escenario que enfrentará la nueva alcaldesa de Lima.
Estos sectores van a constituir, junto con otros como el saliente alcalde Luis Castañeda y su agrupación Solidaridad Nacional, o el fujimorismo en su conjunto, el bloque que va a tratar de petardear el desempeño municipal de Villarán.
Para identificar quiénes estarán en el otro lado en esta batalla –es decir, en el de Villarán–, habría que preguntarse quiénes votaron por ella, lo cual lleva a indagar por qué ganó la elección. La respuesta es que su triunfo obedece a la confluencia de factores como el aprovechamiento correcto de una oportunidad singular durante la campaña; a un estado de ánimo particular de un elector que siempre anda buscando opciones nuevas; y al establecimiento de una relación empática de Villarán debido a la sensación que proyectó durante buena parte de la campaña de ser una especie de David peleando contra un Goliat.
Todo eso permite concluir que el respaldo político y social a su gestión municipal será difuso y poco articulado, y que, con esa fuerza endeble, deberá enfrentar a una oposición recia y con capacidad de estructurarse con el fin de mellar sus reales posibilidades de éxito.
Nada de eso podrá ser esgrimido, sin embargo, como excusa para incumplir sus ofertas electorales y para gobernar con eficiencia la ciudad. Así es el toro que le saldrá en suerte, y frente al mismo Susana Villarán y su combo de FS tendrán que hacer su mejor faena, siendo conscientes de que no habrá cheque en blanco. Como debe ser.
