Por Augusto Álvarez Rodrich
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Un cargamontón que debe responder con buena gestión.
El camino de Susana Villarán está minado con bombas sembradas por distintos frentes, algunos de los cuales están dispuestos a sacarla del puesto antes de tiempo, pero, por eso mismo, la alcaldesa debe reconocer errores y reforzar su gestión con un golpe de timón. Cuanto antes.
El cargamontón empieza con el fuego cruzado de Luis Castañeda, quien luego de haber quedado con sangre en el ojo por el reciente resultado electoral y la investigación sobre Comunicore, ha decidido pasar al ataque mediante el atraque.
Con dicho fin, Castañeda ha propuesto la revocatoria de Villarán, y aunque después quiso ponerle paños fríos a su idea, recomendándole “que no sea tan agresiva y no vea fantasmas donde no los hay”, la verdad es que no sorprendería verlo liderando el recojo de firmas para remover a la alcaldesa.
Castañeda no es el único que quiere demoler a Villarán. También, el presidente Alan García, quien no quiere contratiempos en su plan de despedida aun cuando se haya saltado a la autoridad municipal para colocar el Cristo de Odebrecht en el Morro Solar.
Asimismo, el cardenal Juan Luis Cipriani, porque quisiera tener en la plaza un vecindario más cucufato que el actual.
El cargamontón también incluye a actores que parecen instigados por los políticos antes mencionados, como la Sociedad de Transporte Urbano, que ha anunciado un paro para el 13 de julio, o algunos comerciantes del Cercado que también la han emprendido contra Villarán. Asimismo, alcaldes distritales como los de San Juan de Lurigancho, Chorrillos, Lince o Surco.
El coro lo completa una parte de la prensa comprometida con el esfuerzo de tirarse abajo la gestión de Villarán dentro de un intento que no se detiene en usar mentiras como que la comuna no ha invertido ni 1% en obras durante los primeros seis meses.
Como consecuencia de todo este cargamontón, solo 30% de la ciudadanía aprueba la gestión de Villarán.
Pero siendo cierto que hay un esfuerzo para, como ha señalado Juan Sheput, tumbarse a Villarán con el fin de usar esta maniobra como globo de ensayo para después hacer lo mismo con Ollanta Humala, esto no puede ser, en modo alguno, excusa para un desempeño municipal deficiente.
Por más bien intencionada y honesta que sea la gestión municipal de Villarán, es indispensable que enfrente las críticas, aunque antidemocráticas, con una buena gestión, lo cual la obliga a reconocer que le está faltando capacidad de gestión y de ejecución de proyectos, y que debe adecuar su agenda –sin perder sus valores originales– a la agenda que la gente espera.
Si la alcaldesa Villarán no consigue durante el segundo semestre del año un golpe de timón, puede volverse presa fácil de sectores antidemocráticos que la acechan con la peor de las intenciones.
