La alternativa al gobierno aún luce desconcertada.
Si es cierto que todo buen gobierno necesita una buena oposición, el del presidente Ollanta Humala está en problemas pues lo que tiene delante, como alternativa para criticarlo y fiscalizarlo, es un mamarracho.
La oposición es, hasta ahora, un espacio fragmentado y con objetivos distintos y contradictorios, lo cual le resta potencia para articular planteamientos alternativos a los del gobierno.
Sería generoso decir, sin embargo, que algunos opositores tienen objetivos, es decir, un destino definido al cual orientan sus acciones, pues su perspectiva es la del sobreviviente cuyo horizonte no pasa de la semana. Por ejemplo, Solidaridad Nacional, cuya bancada de ocho curules parece buscar solo la negociación político-judicial para salvar al líder Luis Castañeda.
Algo parecido al fujimorismo con el fin de negociar un destino fuera de la Diroes de su líder histórico.
La diferencia es que, con 37 curules en el Congreso, se puede hacer bastante más que eso. Pero, hasta el momento, no se observan acá planteamientos de fondo más allá de intentos desordenados para aprovechar errores con el fin de producirle una baja al gobierno, como con el jefe de Devida Ricardo Soberón o con la ministra Aída García Naranjo, aunque con resultados infructuosos y pobre capacidad de argumentación. Quizá cuando Martha Chávez vuelva al Congreso este grupo tendrá más fuerza que ahora.
En el mismo lado del tablero político, el PPC sigue metido en sus problemas internos y haciendo esa ‘oposición light’ que siempre lo ha llevado al mismo sitio, es decir, a ningún lado.
Perú Posible, de otra parte, anda confundido entre ser el ‘amigo no elegido’ del gobierno pero con un gabinete en la sombra, lo cual nubla la percepción de su posicionamiento.
Los otros partidos tienen poca representación y, por tanto, menor capacidad de actuación. Quizá el principal opositor al gobierno de Humala será Alan García –que es muy diferente que el Apra–, quien en lugar de aventarse como opositor rabioso de la menudencia –que es lo que parecen varios opositores–, prefiere acumular fuerza para un momento futuro.
Así, hasta ahora, el gobierno de Ollanta Humala no enfrenta una oposición articulada y potente. Por ello, no dejan de ser conmovedores los comentarios de quienes creen que el cuestionamiento parlamentario a la ministra García Naranjo le ha dado rostro a la oposición. Al contrario, desnudó todas sus carencias.
La oposición real va a estar –como suele ocurrir– en otro lado. La más estridente, en los medios. Pero la de fondo, la que posee más fuerza, vendrá de los conflictos sociales que seguramente en breve se harán sentir. Ahí recién habrá oposición.
