Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
Buscando nuevo paradero en el estertor de su ministerio.
Tal como han adelantado algunos medios de comunicación, como la revista Caretas, ya estaría próximo el final del paso lamentable de Rafael Rey por el Ministerio de Defensa y, por ello, este se habría dedicado a usar el tiempo que le queda en el gabinete para consolidar sus nexos con los que serán los siguientes compañeros de ruta de este campeón del saltimbanqui y del oportunismo político: el fujimorismo y sectores vinculados a las fuerzas armadas.
Con dicho fin, Rey volvió a tratar de ganar notoriedad ayer en una conferencia de prensa penosa en la que pretendió responder las críticas justificadas que se le han planteado en los últimos días por un conjunto de actitudes políticas que constituyen una verdadera vergüenza para un gobierno que pretende tener alguna concordancia con los principios elementales de la democracia y del respeto a los derechos humanos y las libertades individuales.
Cuando se produjo la detención de un miembro en actividad de la Marina de Guerra que se encontraba haciéndole un reglaje al abogado Aníbal Torres, quien preside la Comisión de Procesos Disciplinarios del Consejo Nacional de la Magistratura, el ministro Rey salió a restarle importancia a este hecho.
El reglaje se ha vuelto, otra vez, una costumbre lamentable en la política peruana. La revelación de los casos que lo constatan son abundantes y, por lo general, aparecen con vinculaciones con oficinas de las fuerzas armadas peruanas, sin que el ministro de Defensa haga algo relevante para contenerlas.
De otro lado, Rey también ha usado ceremonias públicas como la del 7 de junio, en el homenaje al coronel Francisco Bolognesi, para defender a los miembros del Grupo Colina, como el general Juan Rivero Lazo, acusado de autorizar la creación de ese comando asesino.
Y para culminar su más reciente faenón, este insólito ministro de Defensa cuya actuación desprestigia el sustento democrático del gobierno actual, ayer se mandó con ataques contra las principales organizaciones defensoras de los derechos humanos en el Perú.
Rey se desvive en estos días chillando contra enemigos que solo existen en el laberinto del desvarío de sus furias y de sus penas, y parece un loquito suelto que ya no sabe qué hacer para engancharse con su próximo paradero político.
Pero Rafael Rey no es –aunque lo parezca– un loquito suelto que pueda producir risa por sus arranques ridículos, sino que está aprovechando su puesto agonizante en el gobierno actual para el lanzamiento de una próxima agenda que estará articulada, ya lo veremos, con sectores deplorables de la política peruana.
