El homenaje que el país le debe al héroe César Vilca.
Las imágenes de Dionisio Vilca deambulando con la foto en la mano de su hijo César, internándose en la selva para buscarlo él mismo, y regresando al puesto policial de Kiteni con el cadáver entre sus brazos, están entre las más conmovedoras que se recuerde en la ya muy larga lucha contra el terrorismo en el Perú.
El simbolismo de esas imágenes es muy fuerte. Luego de más de veinte días de la desaparición del joven suboficial César Vilca, y después de que su compañero Luis Astuquillca apareciera caminando por sus propios medios en el puesto policial de Kiteni, Dionisio decidió, con la angustia que solo un padre puede sentir, que él mismo debía buscarlo.
Esto ocurrió luego de que circularan varias versiones periodísticas y algunos hechos concretos que apuntaban a que se había producido un abandono lamentable de los dos suboficiales desaparecidos.
Desde la crónica periodística sobre el abandono tras la caída del helicóptero; el hallazgo de la nave por un grupo de periodistas y la entrevista con el ‘camarada Gabriel’; el ‘autorrescate’ del suboficial Astuquillca; hasta el hallazgo de Dionisio Vilca del cadáver de su hijo.
Los mandos policiales han dado explicaciones sobre algunos de estos hechos. En unos casos, con sustento frágil; en otros, con más solidez, como el pedido del padre del suboficial asesinado para que lo dejaran ir, solo, en la incursión que iba a realizar con dos machiguengas.
Pero incluso esa misma versión pone de manifiesto las severas deficiencias de la operación antiterrorista en varias zonas del país que hoy, para decirlo con claridad, son dominadas por Sendero, y en donde, en medio de un gran desorden, equipamiento insuficiente, inteligencia inexistente, y sin una estrategia integral, ocurren actos de verdadero heroísmo como los ofrecidos por Astuquillca y el caído Vilca.
Todas las carencias de la lucha antiterrorista que han salido a flote tras el secuestro de Camisea llevarán a relevos ministeriales en breve, pero, más allá de las personas, lo importante es el planteamiento de una estrategia que incluya no solo el componente militar sino, también, el económico, social y político, sin lo cual todo esfuerzo será inútil.
Esto debiera ser anunciado por el propio presidente Ollanta Humala para transmitirle al país la confianza de que esta guerra final contra el terrorismo la vamos a ganar.
Es el mayor homenaje que el país le puede rendir al héroe César Vilca. Y, también, para desterrar la angustiante sensación que hoy nos abruma a todos de que hay peruanos humildes en la policía y en el ejército a los que se manda a pelear al monte en total estado de abandono.