Tres condiciones que requiere el nuevo equipo.
El grave traspié sufrido en el operativo post liberación de los obreros secuestrados de Camisea le plantea al gobierno la necesidad de revisar varias políticas públicas, sobre todo las referidas a seguridad, así como la conveniencia de efectuar más de un ajuste en el equipo ministerial.
Se especulaba con que Palacio evaluaba algunos relevos ministeriales para julio y que no lo hacía antes por la imagen de inestabilidad que transmitiría el contar con dos gabinetes en solo nueve meses.
La realidad, sin embargo, a veces impone desafíos a los gobiernos que estrechan el margen de las decisiones y obligan a tener que optar incluso antes de la fecha prevista.
El gabinete presidido por Óscar Valdés luce hoy muy desgastado, para empezar, por el traspié en Kepashiato, donde no solo se perdieron ocho vidas de militares y policías, un helicóptero y armas.
Ahí el gobierno perdió, además, confianza ciudadana, pues por un lado, la ‘victoria impecable’ que proclamó fue lo que en realidad obtuvo el terrorista Gabriel; y, por el otro, dejó la sensación de haberle mentido al país con explicaciones que la realidad comprobó que eran bochornosamente inaceptables.
En este contexto, el premier Valdés dijo ayer que no se ha pensado cambiar a los ministros de Interior y Defensa. La verdad, sin embargo, es que sería necesario que no solo se piense en relevar a ambos ministros sino al propio premier, quien ha demostrado una falta de liderazgo que se volvió más evidente en una crisis complicada como la de Kepashiato.
El presidente Humala, por su parte, poco antes de salir a una gira por Japón y Corea, enfrenta una situación difícil, pues dejará el país con un gabinete debilitado y con muy poco tiempo para formar otro.
Al margen, finalmente, de la oportunidad precisa que el presidente Humala decida para hacer los cambios en el gabinete, o cambiar de gabinete, lo que parece más recomendable, sería conveniente que el nuevo equipo ministerial corrigiera al menos tres problemas que se observan en el equipo actual.
Uno es la poca capacidad de acción política, lo cual es un serio obstáculo para el proceso de implementación de muchas políticas públicas.
El segundo es conseguir un equipo para las políticas de seguridad ciudadana y lucha contra la corrupción, que es una de las patas flojas de la mesa gubernamental.
El tercero es conseguir operadores para desenredar muchos problemas que ocurren en cualquier gestión gubernamental, como los que paralizan varios proyectos de inversión privada, pero que hoy no se solucionan por la incapacidad creciente de tomar decisiones prontas.
