Por Augusto Álvarez Rodrich
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Rey y Yoshiyama en el combo de Keiko Fujimori.
Si un objetivo de una plancha presidencial es usarla como gancho para atraer más votos a través del ofrecimiento de indicios sobre cómo sería el gobierno y quién reemplazaría al jefe de Estado si no pudiera completar el mandato, pues Keiko Fujimori acaba de equivocarse.
Rafael Rey y Jaime Yoshiyama podrían ser útiles para la candidatura de la hija de Alberto Fujimori en puestos como miembro de la lista parlamentaria y jefe del plan de gobierno, respectivamente, pero no en los dos de la plancha presidencial.
Yoshiyama es ‘más de lo mismo’ y no le va a generar votos adicionales a KF, salvo reforzar su vinculación con el sector empresarial. Pero este no es muy grande y ahí cada uno ya debe tener decidido su voto entre la amplia gama de opciones que le ofrece el menú específico de la elección del próximo año.
También podría serle útil para consolidar el apoyo de un grupo de medios como los que ayer le dedicaron sus portadas con entusiasmo al lanzamiento de KF, pero eso parece ya estar asegurado sin necesidad de la carnada adicional de Yoshiyama.
El caso de Rey es más complejo. Sin duda, a él le conviene postular en la plancha fujimorista. Su trayectoria saltimbanqui empezó en el Movimiento Libertad de Mario Vargas Llosa, y luego formó su propia tienda –Renovación– que nunca atrajo a muchos militantes, pero sí le sirvió para deslizarse –hasta donde recuerdo– por el fujimorismo; Code de José Barba; Unidad Nacional de Luis Castañeda y Lourdes Flores; y el Apra.
Si bien Rey es un saltaperico que se pone con entusiasmo la nueva camiseta, es en el fujimorismo donde se ha sentido más cómodo y donde ha jugado sus partidos más memorables, siempre en el equipo rival de la defensa de los derechos humanos.
En la última semana, estuvo conversando con Pedro Pablo Kuczynski y el Apra de Jorge del Castillo, pero al final recaló en el fujimorismo a pesar de que había negado esa opción poco antes. Pero el apego a la verdad no es una virtud de Rey, quien ejemplifica eso de que el político juega como en el vale todo.
El problema es para Keiko Fujimori: mientras ella necesita sacarse de encima la sensación pública de arrastrar todos los graves ‘defectos’ del gobierno de su padre, la presencia de Rey en su plancha transmite la señal de que se persistirá en ellos.
Por último, la oportunidad del anuncio de la plancha fujimorista no pudo ser peor. Pasar súbitamente de la imagen de Mario Vargas Llosa dando un discurso conmovedor en Estocolmo a favor de la democracia y la libertad, a la imagen de Rey trepado en el estrado fujimorista en Huaycán, con su vocación autocrática, sectaria e intolerante, fue demasiado crudo.
Casi como pasar inmediatamente de ver el Barza-Real Madrid, hasta el José Gálvez-Total Chalaco, sin anestesia.
