Por Augusto Álvarez Rodrich
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El primer mensaje presidencial de Ollanta Humala.
Quizá lo mejor que se puede decir del discurso inaugural del presidente Ollanta Humala es que lo mejor aún está por venir pues este no fue la mejor manera de iniciarlo y a continuación explico por qué.
Empezando por la alusión a la Constitución de 1979. No por la mención en sí misma sino por el modo de hacerla, pues no deja de ser extraño jurar por un texto que no está vigente, lo cual reabre dudas ¿innecesarias? que se pensaban resueltas.
Si solo se quería hacer un simbolismo declarativo –como dijo el vicepresidente Omar Chehade después del mensaje–, el juramento fue un mal momento pues proyectó una señal confusa sobre un tema álgido que se pensaba solucionado entre la primera y la segunda vuelta, cuando Ollanta Humala buscaba el 20% adicional que le permitiera ganar la elección.
Y si lo que se quería era plantear una distancia firme frente al fujimorismo –lo que estaría muy bien–, quizá había modos menos peligrosos de lograrlo. Por ejemplo, explicando, dentro del discurso, sin ambigüedades, lo que se quería decir, o precisando qué partes deben modificarse por su incidencia en los objetivos de su gobierno, y hasta con saludos a Víctor Raúl Haya de la Torre y Luis Bedoya Reyes como guiños al Apra y al PPC.
Por otro lado, el de los anuncios específicos, el mensaje del presidente Humala trajo una reiteración de los ofrecimientos de campaña –lo que está bien– pero sin un aterrizaje en los ‘cómos’, lo cual habría sido conveniente junto con el delineamiento –con números específicos– del país que piensa dejar en el año 2016, cuando termine el mandato presidencial.
Asimismo, aún se percibe –por el mensaje de ayer– que el nuevo gobierno carece de una visión estimulante que perfile el camino que el país debe recorrer en el futuro y que sirva para orientar las decisiones estratégicas que se deban tomar.
En general, el mensaje aún trasluce improvisación, lo cual podría explicarse por la demora en concretar el gabinete, lo que recortó el tiempo para estructurar un programa afinado.
Además, el mensaje fue conservador en aspectos cruciales como la carencia de planes de reforma profunda en áreas clave para el combate a la pobreza como la salud o la educación.
Todas estas son precisiones que han quedado pendientes para la presentación del gabinete Lerner ante el Congreso.
Se podría responder que las observaciones formuladas en esta columna plantean cuestionamientos al gobierno del presidente Humala que le ponen la valla muy alta o que tampoco fueron satisfechos por las dos administraciones previas. Pero ese es el tipo de críticas que se les debe hacer a todos los gobiernos peruanos para que el país empiece a transformarse en una nación desarrollada, salvo que queramos seguir siendo una economía que solo crece.
