Por Augusto Álvarez Rodrich
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Más cabeza fría para una situación cada vez más caliente.
Después de unas ‘vacaciones’ fuera del gabinete, y de una absurdamente fugaz pascana en la embajada peruana en Roma, Rafael Rey volvió a ponerse un fajín ministerial –esta vez en Defensa– con un aire prudente y menos conflictivo que el que ya se le conoce pero, para quizá no defraudar a su hinchada, acaba de volver a su faceta de fosforito intolerante, que seguramente fue para eso que Alan García lo volvió a reclutar.
Rey es, creo yo, un buen tipo, inteligente, con vocación de servicio público y, no obstante sus numerosos cambios de camiseta, consecuente con sus ideas. Su problema, creo yo, que por momentos lo vuelve insoportable, es que se cree el único dueño de la verdad y que, para defenderla, exhibe esa intolerancia inaceptable que, lamentablemente, persiste en la política peruana entre los extremistas de derecha (como él) y de izquierda (como muchos).
Lo ha vuelto a demostrar en estos días con declaraciones a los medios y un artículo publicado ayer –los perros del hortelano del presidente García parecen himnos a la concordia a su lado– con aire de trompeadera en lugar de vocación de convocatoria para sumar esfuerzos en temas cruciales del sector que lidera, como un plan VRAE que hace agua y que, penosamente, sigue cobrando vidas de nuestros soldados en lugar de retrocesos del narcoterrorismo.
Rey arremete contra todos con los que discrepa, una lista que se sigue ampliando y que va desde las ONG de derechos humanos –a las que acusa artera y absurdamente de favorecer al terrorismo–; generales como Roberto Chiabra por sus sólidas críticas al plan VRAE; y hasta el Ministerio Público por el pedido de información no satisfecho por el Ministerio de Defensa sobre la matanza de Putis.
“La fiscalía no tiene ningún afán de procesar a los militares; solo busca la verdad, no imputar hechos por imputar, ni denunciar por denunciar”, ha dicho la fiscal de la Nación, Gladys Echaíz. Sin embargo, Rey cree que esos pedidos distraen la labor militar en el VRAE y le bajan la moral al ejército, lo que –en el fondo– significa el retorno –como si alguna vez se hubiera ido– de la filosofía ‘vale todo’ cuyo mayor exponente en el gobierno –pero no el único– es el vicepresidente Luis Giampietri.
Esto es un error pues la misma intolerancia que Rey le reclama a algunas entidades públicas y privadas es la que él expone con mucha frecuencia, y es lo que debería cambiar con el fin de, en lugar de estar haciendo articulillos picapleiteros, preparar documentos de política sobre un sector complejo como Defensa, que aún no domina, y en el que las cosas no están caminando bien, lo que está costando muchas vidas de valientes policías y militares.
