Por Augusto Álvarez Rodrich
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La elección del nuevo presidente del Congreso.
Como una expresión más de lo aburridamente predecible que, a veces, puede ser la política peruana, pese al ruido de vuvuzela molestosa que con frecuencia produce confusión, el Apra retendrá –por quinto año consecutivo– la presidencia del Congreso, algo que, de paso, es un hecho intrascendente para la mayoría de ciudadanos a los que les interesa un pepino quién dirija el Parlamento.
No obstante todo el esfuerzo desplegado por Luis Alva Castro para seguir al frente del Poder Legislativo, el ungido final para el último año del lustro fue el loretano César Zumaeta, luego de un prolongado cabildeo interno del Apra en el que, para variar, se dirimió en la oficina del presidente Alan García.
Zumaeta ha tenido un perfil bajo durante el gobierno actual. Al inicio, estaba ubicado en el politburó aprista debajo de Jorge del Castillo, Mercedes Cabanillas y Mauricio Mulder, y –más o menos– en el mismo nivel de Javier Velásquez Quesquén.
Pero mientras el chiclayano escaló posiciones a medida que Del Castillo y Cabanillas se desinflaban, avanzando a presidente del Congreso, después a premier y luego –mucho más importante– ‘chochera’ del presidente García, Zumaeta tuvo una trayectoria gris e intrascendente, lo que seguramente espera revertir en el último año desde la presidencia del Congreso.
El Apra retendrá ese puesto gracias a un toma y daca necesario porque ninguna agrupación tiene mayoría en el Congreso, aunque sería mejor que esto fuera alrededor de leyes y políticas públicas y no solo –como es el caso– por un reparto de puestos, empezando por los de la mesa directiva.
Con solo 36 parlamentarios de un total de 120, el Apra domina el Congreso gracias a su disciplina y maña que le han facilitado el establecimiento de alianzas tácticas con agrupaciones con las que tiene coincidencias más estratégicas y de fondo.
Una es el fujimorismo (doce votos) que ha sido un estupendo compañero de viaje del aprismo en este quinquenio; tanto, que ya ni se esfuerzan por poner a Carlos Raffo a hacer la finta del antagonista que, al final, se echa con el oficialismo. Otra es Alianza Nacional (nucleada alrededor de Solidaridad), que aporta doce votos más debido al reclutamiento de varios que se han trepado al coche electoral de Luis Castañeda.
Con ambas agrupaciones, el Apra suma 60 votos obtenidos gracias a pactos como el respaldo público –a través del premier– al alcalde Castañeda en el caso Comunicore. Y los votos que faltan para asegurar la mayoría, los sacan de UPP y otros nómades que deambulan por el hemiciclo en busca de una prebenda.
Pero lo más triste de todo es que esto ocurre ante la indiferencia de la opinión pública pues lo que ocurra en este Congreso desprestigiado –especialmente en el último año– ya no le importa a nadie.
