Por Augusto Álvarez Rodrich
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La elección de Alva Castro en el Congreso.
La elección cantada de otro aprista en el Congreso, con lo cual esta bancada de solo 36 miembros pero con la mañosería de una mayoría aplastante retiene la presidencia por cuarto año consecutivo, es un asunto que quizá le interese a muy poca gente pero que puede tener una relevancia negativa en el curso de los eventos políticos de los próximos doce meses.
Luis Alva Castro posee, por su amplia trayectoria política, sólidas capacidades de negociación que pueden ser importantes en el trabajo legislativo. Sin embargo, tiene, al mismo tiempo, varias desventajas para ejercer la presidencia del Congreso especialmente en el año político que se inicia.
Para empezar, es un aprista del cogollo partidario que no dudará en ningún moento en darle la razón al interés del gobierno aun cuando no la tenga. Es alguien que va a priorizar al Apra por sobre todo, incluso sobre lo razonable y lo legal.
Asimismo, viene de realizar un pésima gestión en el Ministerio del Interior, con lo cual proyectará la sensación a la ciudadanía de que no importa cuán bien lo hagas, si eres aprista, durante este gobierno siempre serás premiado.
Pero quizá el problema de fondo de la elección de ayer en el Congreso es que tener a Alva Castro al frente del Poder Legislativo, y a Javier Velásquez Quesquén en la presidencia del Consejo de Ministros, parece demasiado para un partido que en la primera vuelta del 2006 no superó el 25% de los votos válidos y que, para pasar del 51% en la segunda vuelta, ofreció un gobierno de convocatoria amplia.
Una mesa directiva presidida por la oposición –con Ántero Flores-Aráoz y Natale Amprimo en el 2004– ayudó al gobierno de Alejandro Toledo, en su cuarto año, a conseguir oxígeno para entrar a la recta final. Algo parecido le habría convenido al Apra al empezar el cuarto año de su administración gubernamental, pues oxígeno también es lo que va a necesitar.
El Congreso también requiere, por su propio bien, ofrecer una sensación de refresco. Su aprobación deplorable por parte de la ciudadanía –solo 14%– y la sensación de mediocridad y corrupción que suele proyectar se acrecienta con cada nueva noticia que aparece, como aquella del departamento que el congresista Álvaro Gutiérrez le presta a Velásquez Quesquén obviamente para obtener favores políticos, como antes lo hizo con viajes a Roma o camionetas 4x4.
Así, ya a nadie sorprende que muchos políticos ingresen a puestos públicos donde el sueldo no es muy alto pero que, cuando los dejan, salgan bien forrados. Si creen que la gente no se cansa de eso, están equivocados. La factura que todos vamos a pagar puede ser muy alta.
