Quince años del operativo Chavín de Huántar.
Hoy que se cumplen quince años del rescate de los rehenes de la embajada del Japón, una de las victorias más significativas contra el terrorismo, es una nueva oportunidad para el homenaje y agradecimiento a los comandos que la realizaron con precisión y heroísmo.
La captura de la embajada por parte del MRTA, a fines de 1996, y el cautiverio de los setenta y dos rehenes que permanecieron encerrados durante cuatro meses fue un atentado que secuestró a todo el país.
Tras varias negociaciones para la liberación de los rehenes, el gobierno de Alberto Fujimori concluyó que la única salida era una operación de rescate que luego se conoció como Chavín de Huántar, por los túneles construidos para facilitar el ingreso sorpresivo de los comandos.
Hoy que se habla –sin fundamento– de operaciones ‘impecables’, se puede sostener que Chavín de Huántar lo fue, por su ejecución precisa y la heroicidad de los comandos. Pero hubo algunos hechos que lamentar.
Primero, sin duda, la muerte del magistrado Carlos Giusti, el único rehén que perdió la vida en medio de la trifulca del rescate entre comandos y secuestradores.
Segundo, el empañamiento de la operación por el envío de los ‘gallinazos’ de Vladimiro Montesinos para realizar un conjunto de asesinatos fuera del combate regular. Lo más lamentable de esto es que hay un grupo de políticos que han ocupado, incluso, puestos ministeriales y de gobierno relevantes que, por defender a estos ‘gallinazos’, pretender mezclarlos con los comandos de Chavín de Huántar y meter a todos en un mismo saco es, sin duda, una afrenta a estos héroes.
El gobierno de Fujimori tiene, obviamente, el mérito de haber liderado el rescate de los rehenes. Pero eso se ve empañado profundamente por todo lo que hizo su régimen para prostituir a las fuerzas armadas y policiales, dejándolas, a pesar de esfuerzos heroicos como el operativo Chavín de Huántar, entre muchos otros, como una entidad podrida e indecente al final de la década en la que gobernó el fujimontesinismo.
Por ello, resulta una vergüenza que ahora el comando fujimorista –Keiko, Kenyi o el cardenal Juan Luis Cipriani, entre otros– pretenda aprovechar el rescate de los rehenes de la embajada de Japón para sus fines políticos con el apoyo, además, de sus medios amigos que insisten en tonterías como esa de que Kenyi diseñó la estrategia de los túneles.
Los verdaderos héroes del Operativo Chavín de Huántar son sus comandos, a quienes los peruanos les debemos respeto y agradecimiento, no los políticos que quisieron prostituir a las fuerzas armadas y policiales de un modo vergonzoso.
