¿Manotazo de ahogado o avance estratégico?
El secuestro de alrededor de cuarenta trabajadores de empresas contratistas del proyecto de Camisea constituye una crisis muy grave que demanda la mayor prioridad.
Como si ‘el país’ –ese mosaico complejo que incluye desde el gobierno hasta los medios– solo pudiera concentrarse en un solo problema complejo al mismo tiempo, una vez rescatados los nueve mineros informales sepultados en el socavón ‘cabeza de negro’, en Ica, la preocupación prioritaria se ha desplazado hacia el secuestro de Kepashiato.
En ese centro poblado del distrito de Echarate, La Convención, Cusco, incursionó un grupo armado en la madrugada del lunes 9 y tomó como rehenes a 36 trabajadores de TGP, Skanska y Construcciones Modulares, contratistas del Consorcio Camisea, aunque algunas noticias dan cuenta de un número mayor.
Algunos indicios iniciales produjeron cierta confusión respecto de la autoría del secuestro, como el documento en el que expusieron sus exigencias para la liberación de los secuestrados, con una redacción y unos pedidos que no solían estar en el menú de Sendero Luminoso.
O, también, la propia modalidad del secuestro masivo, que no es la que el remanente de la organización terrorista fundada por Abimael Guzmán suele utilizar en su repertorio.
Sin embargo, el ataque que los terroristas realizaron ayer contra un helicóptero de la PNP que aterrizaba en la zona de Postaquiato, para dejar personal enviado para el rescate de los trabajadores secuestrados, va despejando las dudas del origen senderista del operativo delincuencial.
El ataque produjo la muerte de la capitana PNP Nancy Flores Páucar y tres policías heridos, lo cual se enmarca en una trayectoria de muchas bajas de las fuerzas del orden.
Fuentes de La República le atribuyen el mando del ataque al senderista Martin Quispe Palomino (a) ‘Gabriel’, quien es el cuarto hombre en la jerarquía senderista en el VRAE, liderada por su hermano ‘José’, cuya vinculación con el narcotráfico está plenamente demostrada, y cuya capacidad operativa hace que, en relación con él, el recién capturado ‘Artemio’ parezca un guachimán de cebichería.
Este atentado es visto por algunos como un manotazo de ahogado de una agrupación terrorista que se va desmoronando y que necesita dar señales de fuerza para cambiar esa impresión. Pero otros lo ven como un cambio en su estrategia en una zona del país en la que el senderismo no ha dejado de crecer.
Para bien o para mal, lo cierto es que el país ingresa a una nueva fase en la lucha contra el narcoterrorismo. Ojalá que el gobierno esté bien preparado para encararla.
