Por Augusto Álvarez Rodrich
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Consecuencia electoral del interés por la anticorrupción.
Las fuertes tensiones en el Apra por la lista al Congreso podrían ser un indicio tibio –pero indicio, al fin y al cabo–del resurgimiento de la importancia de la lucha anticorrupción luego del auge de fines de los noventa –tras la revelación de la profunda corrupción fujimontesinista– y que se fue diluyendo durante el transcurso de la década siguiente.
Varias encuestas confirman que la preocupación ciudadana por la corrupción está en alza. Asimismo, que la valla principal para el incremento de la aprobación del presidente Alan García –acorde con el crecimiento económico– es la sensación extendida de que su gobierno fracasó en la lucha anticorrupción.
¿Puede ser esto relevante en esta temporada electoral que ya calienta? La discusión entre Mercedes Aráoz y Jorge del Castillo tiene que ver con la lucha anticorrupción, al igual que el desembarco del general Edwin Donayre del sancochado de Pedro Pablo Kuczynski. Y, pensando en la elección municipal, a Alex Kouri lo perjudicó el recuerdo de sus citas con el ‘Doc’ y a Lourdes Flores su relación profesional con César Cataño.
¿A quién podría beneficiar, electoralmente, este fenómeno –aún incipiente, tampoco hay que entusiasmarse mucho– del rebrote del interés por la lucha anticorrupción? En teoría, a quienes estén más ‘limpios’ ante la mirada de la ciudadanía que, para los efectos electorales, es lo más relevante.
Del menú electoral, algunos candidatos del grupo ‘importante’ vienen con la llanta baja: Keiko Fujimori, por la pesada mochila de la cleptocracia que manejó el gobierno de su padre; Luis Castañeda, por el chicharrón de Comunicore; Alejandro Toledo, por un gobierno lleno de pequeños escandaletes de alto rebote mediático; PPK, por la imagen empresarial que no lo ayuda mucho en este terreno ante el ciudadano promedio.
Pero hay dos candidatos que sí podrían beneficiarse. Uno es Ollanta Humala, quien no ha estado aún en el gobierno –algo que siempre deja marca–, un fuerte discurso anticorrupción y la inclusión de Omar Chehade en la plancha. La otra era Mercedes Aráoz, quien luego de más de cuatro años como ministra no tiene ninguna acusación y posee un récord limpio. Quizá ahí radique su preocupación por el equipo que la acompañará.
Aráoz ha recibido varias críticas durante su enfrentamiento con Del Castillo que van desde cuántos votos le puede costar, realmente, la presencia del ex premier, hasta que su actitud obedece al 5% en las encuestas. Lo más probable es que, incluso imponiéndose a Del Castillo, ella ya perdió en el ámbito electoral, pues este se dedicará a boicotearle la campaña desde dentro. Pero, si persiste, habrá ganado en el campo de los valores y de los principios. Aunque a algunos esto no les interese mucho, es una de esas causas perdidas por las que, sin duda, vale la pena pelear sin claudicar.
