Prolongación innecesaria de la admisión de una derrota.
Por Augusto Álvarez Rodrich
Salvo que se compruebe que toda la ciencia estadística –como se le conoce hasta ahora– estaba errada, desde hace al menos un par de días ya se puede asegurar que la nueva alcaldesa de Lima es Susana Villarán.
Eso quiere decir que Lourdes Flores ‘ya fue’ en esta elección aunque no, sin duda, en la política peruana, donde ella tiene mucho por aportar aunque, para ello, sean importantes las señales con las que cierre esta campaña electoral.
Para que gane el PPC-UN tendría que ocurrir que los votos que falta contar tengan un comportamiento radicalmente diferente de las tres cuartas partes ya procesadas. Además, todas las encuestas realizadas –simulacro de votación un día antes, boca de urna, conteo rápido– y el avance de ONPE coinciden en quién ganó. Los partidos tienen, por último, las actas finales.
A pesar de ello, el PPC-UN insiste en prolongar la expectativa de una eventual reversión de un resultado que ya es inevitable. El vicepresidente del PPC, Javier Bedoya, ha calificado de “asqueroso y vil el chantaje” de Fuerza Social al aludir a un eventual fraude si no se le declara triunfador, lo cual es correcto pues no se puede hablar de irregularidades sin fundamento sólido, pero llevando implícitamente la sensación de que se debe continuar sin reconocer todavía la derrota.
En la misma línea se han manifestado políticos que antes eran contrarios a Lourdes Flores pero que ahora la defienden frente a Susana Villarán, demostrando con ello que, en política, todo es relativo. Es el caso del vicepresidente Luis Giampietri o del congresista también fujimorista Rolando Sousa.
Pero Jaime Salinas, integrante del equipo de campaña de PPC-UN, ha ido con más fuerza para desafiar el valor de la estadística, agraviar y acusar a las encuestadoras, y calificar de “malos imitadores de Rosita Chu en la política criolla” a quienes creen que, como es evidente, ya se produjo el ‘game over’. (Ojo: no confundir a Rosita con Magdalena).
El equipo de Lourdes Flores tiene todo el derecho de reclamar que culmine el proceso de conteo por parte de las autoridades electorales, pero ella tiene la responsabilidad de escoger la oportunidad correcta del reconocimiento de lo sucedido.
Como sostiene Carlos Basombrío, “Lourdes Flores debiera tener la grandeza de reconocer el resultado y no dejarse llevar por un par de asesores malandrines que le ofrecen obtener en mesa lo que, por muy poco, perdió en la cancha”. Pero también debe hacerlo por su propia conveniencia: entre el Nobel de Mario Vargas Llosa, y el lanzamiento inminente de la candidatura de Luis Castañeda, Lourdes Flores corre el riesgo de que su mensaje final de esta campaña pase inadvertido, acaso consignado en una nota pequeña de la página 15 de los diarios. Eso no le conviene.
