Por Augusto Álvarez Rodrich
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La sabiduría popular del parachoque de la combi.
La reacción del presidente Alan García a la crisis ocasionada por el espionaje chileno es muy acertada, aunque su explicación de por qué nos espían sea incorrecta.
Su respuesta ha combinado el rechazo enérgico con dejar una puerta abierta para cuando la diplomacia crea oportuno retomar el diálogo. Asimismo, ratificó la continuidad de la relación comercial con Chile, y la posición de que el Perú no entrará a la carrera armamentista a la que muchos nos quieren meter, desde brokers interesados, hasta los bien intencionados que citan a Ramón Castilla para duplicar cada compra militar chilena sin ver si nuestra chequera aguanta semejante ilusión.
Finalmente, ha sido positiva la convocatoria presidencial a los principales líderes políticos con el fin de informarles, en privado, sobre el espionaje, lo cual es fundamental para consolidar unidad nacional en un tema clave que es cuestión de Estado.
¿Pero será por envidia que Chile nos espía? “Nuestro país avanza y por eso nos ven con envidia, por eso nos espían, quieren saber cuál es el secreto, se los diré en voz alta: trabajar por el pueblo (…) Por eso, para envidia de algunos y malestar de otros, nuestro país se fortalece, nadie que sea fuerte mira al vecino. El que se siente débil es el que vive espiando”, dijo ayer el presidente García sin duda con una cuota de ironía.
Pero no es la primera vez que el jefe del Estado recurre a esa explicación. La usó, por ejemplo, en marzo pasado, en medio de la crisis internacional, cuando dijo que “el éxito del Perú genera envidias a veces afuera y a veces adentro”. García cree que, como al Perú, a él también lo envidian, especialmente los que lo critican. Con frecuencia parece necesitado de envidia.
Envidia, entendida como tristeza por el bien ajeno, es un mal sentimiento que se debe evitar. Es, además, un pecado capital. El actor Antonio Banderas dice que “en un mundo donde la envidia es constante, nunca he sentido ese resquemor: solo juego con las cartas que me da la vida”; el consultor mexicano Miguel Angel Cornejo dice que “la envidia por el éxito ajeno debe desaparecer”; el futbolista Claudio Pizarro cree que es por la envidia de los peruanos que no le va bien acá; y los que criticaron a Magaly Solier cuando ‘La teta asustada’ triunfó en Berlín fueron percibidos como envidiosos que no se pudieron controlar.
No debe ser por el crecimiento que Chile nos envidia y espía porque, en ese terreno, a ellos les va bien. Pero si de envidia se trata, ha sido el genial Adal Ramones el que ha dado en el blanco: “¿Qué quieren espiar los chilenos? ¿Cómo hacer pisco sour?”. En todo caso, a los que nos envidian hay que responderles con la sabiduría de parachoque de combi: ‘Tu envidia me hace feliz’.
