Por Augusto Álvarez Rodrich
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Balances y desbalances de su segundo gobierno.
BUENOS AIRES. Hoy el presidente Alan García estará retirando todas sus cosas personales de Palacio de Gobierno, según les indicó a los nuevos inquilinos de la residencia, y quizá sea el momento de hacer el balance y revisar los desbalances de su segunda administración.
Para empezar, fue mucho mejor que la primera, aunque lograrlo no era muy difícil si se tiene en cuenta que su primer gobierno fue un mamarracho colosal que puso al Perú al borde del colapso: el Estado quebró, el terrorismo no paró de crecer, la hiperinflación –la segunda más larga de la historia mundial– corroyó las bases sociales, y la corrupción batió récords que después fueron superados por un fujimorismo que fue la herencia que le dejó al país la incompetencia de García.
Su segundo gobierno ha sido, sin duda, mucho mejor, pero ello no compensa el gran daño del primero. En realidad, necesitaría tres más como el que está terminando para compensar el perjuicio (los cual no es invitación a que siga postulando).
Este que termina ha sido un ‘buen’ gobierno, con las limitaciones que esto significa. Fue un excelente administrador de lo que recibió en la economía, atrajo importantes flujos de inversión privada como nunca se vio antes, el país creció a tasas estupendas, la política exterior del quinquenio fue sumamente valiosa, la pobreza cayó en casi 20 puntos, y se hizo mucha obra pública que siguen queriendo terminar hasta el último día.
El problema del segundo gobierno de García es que su gran interés por la obra fue inversamente proporcional a su interés por el fortalecimiento institucional. La corrupción y la impunidad crecieron. La inseguridad ciudadana aumentó. La educación y la salud públicas siguen siendo una estafa. No le interesó la cultura, pero hizo el Teatro Nacional. No hizo la reforma del Estado Nacional, así que solo reformó el Estadio Nacional. Todos sus candidatos en todas las elecciones perdieron. La democracia peruana es percibida por los peruanos –según los latinobarómetros– como la peor del continente americano. En lugar de gobernar –como prometió– por quienes no votaron por él en el año 2006, lo hizo con desprecio por esos sectores, ofreciéndoles su visión discriminadora del perro del hortelano.
La reducción de la pobreza se pudo hacer mejor, con reformas de fondo en educación, salud, seguridad y justicia, lo que no sucedió. Por ello, ganó el candidato que ofreció inclusión social, que es lo que ahora nos falta.
Hacerlo mejor que la vez pasada o solo administrar un poco mejor lo que recibió no es suficiente para decir que el segundo gobierno de Alan García fue un gran régimen, como él y su prensa de franela repetirán hasta cuando quieran volver en el año 2016.
