Por Augusto Álvarez Rodrich
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La tiene difícil en el 2011 pero no imposible
Lourdes Flores acaba de renunciar al rectorado de la Universidad San Ignacio de Loyola con el fin declarado de reforzar las bases del PPC para la próxima elección, y el no tan declarado de volver a postular a la Presidencia si ve que tiene una posibilidad.
Luego de tres intentos frustrados de llegar a Palacio de Gobierno, lo que implica la necesidad de remontar la imagen de ‘looser’ –es decir, que nunca podrá ‘hacerla’–, la respuesta más frecuente a la pregunta sobre la posibilidad electoral de Lourdes Flores es que esta es nula.
Esa es, sin embargo, me parece, una conclusión prematura. En la política peruana no es fácil emitir la partida de defunción a quienes están metidos de lleno en este oficio, especialmente a alguien como Lourdes Flores cuya imagen en las encuestas es muy positiva. Además, en el 2011 ya no competirá contra Alan García, quien en las elecciones del 2001 y 2006 la pasó casi en la misma meta de la primera vuelta.
Teniendo en cuenta precisamente la experiencia de García, quizá un objetivo crucial de Flores sea pasar a la segunda vuelta y, luego, vestirse de ‘mal menor’ frente al rival de turno que le toque, para lo cual ella puede estar bien equipada. Pasar a esa segunda vuelta en la que nunca ha podido estar sería un gran avance para ella y, si lo consiguiera, podría convocar el voto de centro y derecha y asegurar el triunfo. Mismo Alan.
Un requisito para ello será sacarse la chapa de ‘candidata de los ricos’ que le endilgó el Apra y a lo cual ella colaboró con entusiasmo. A pesar de la corrida a la derecha que se ha pegado García, la gente sigue identificando a Flores en ese lado. Y ella hizo varios esfuerzos para darle credibilidad al mote, desde designar a alguien clave del grupo Romero en su plancha presidencial –quizá el peor error de su campaña–, hasta terminar su participación en la lid electoral ahogando sus posibilidades con unas fotografías en las piscinas de sus amigos.
En este sentido, una de las deficiencias más clamorosas en sus campañas electorales ha sido la poca capacidad de seleccionar, con acierto, a sus principales acompañantes de viaje, los cuales con frecuencia acabaron en el bando rival.
Otra falla fue su proclividad a tomar decisiones rodeada de la generación del PPC cuyas ideas huelen a naftalina, en lugar de confiar más en el instinto del patriarca nonagenario Luis Bedoya Reyes o de los jóvenes del partido que están haciendo un gran papel en varios municipios.
Algo de eso podría estar cambiando. Su respaldo al museo de la memoria o a la candidatura municipal de Salvador Heresi son expresiones interesantes. No es que Lourdes Flores la tenga fácil en el 2011, pero su posibilidad no es nula.
