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Un mundo con curas pero sin periodistas

Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe

La prensa hace la tarea que la Iglesia Católica no ha hecho.

Hizo bien Juan Luis Cipriani al pedir que la justicia procese al sacerdote belga acusado de pedofilia y que ahora trabaja en Moquegua, pero se equivoca al criticar a la prensa por difundir la noticia.

Según la denuncia periodística, Jef Van Den Ouweland fue acusado en Schoten, Bélgica, por abuso sexual de por lo menos tres menores entre 1982 y 1983. Luego, el sacerdote abandonó su país y, desde hace dos décadas, dirige una institución educativa en el distrito de Ichuña, provincia de Sánchez Cerro, donde también oficia misas, dirige ceremonias y enseña idiomas.

La justicia belga había archivado el expediente pero este debió ser reabierto porque, en el año 2003, uno de los abusados lo denunció ante el Comité contra el Abuso Sexual. Él había recibido 106,845 euros en 2006 para asegurar su silencio.

Pero el sábado pasado el diario belga De Morgan informó lo ocurrido, incluyendo el comentario del obispo de la diócesis de Amberes, quien le dijo a la víctima: “Creo que hay una gran suma de dinero recibida; espero que sepas ser agradecido”.

Ante ello, el cardenal Cipriani dijo lo siguiente el sábado: “No he leído la noticia ni sé nada, pero qué ganas de armar escándalo. Si hay un sacerdote belga en no sé qué lugar del Perú y, por lo visto, tiene acusaciones, bueno, tendrá que dar cuenta ante la justicia de su país y ante su obispo”, y luego demandó a la prensa “un poquito más de orden” para dar esas noticias pues, en su opinión, esto afecta a miles de sacerdotes y monjas que en todo el país hacen una buena obra.

Si la Iglesia Católica tuviera una trayectoria comprobada de procesar las denuncias de pedofilia con diligencia y responsabilidad, Cipriani tendría razón. Pero no es así pues la iglesia ha mostrado vocación –como lo comprobó la denuncia de The New York Times– por el encubrimiento de la pedofilia en su interior para salvar a los curas y perjudicar a los niños violados.

Estas denuncias no perjudican a los miles de curas y monjas que, sin duda, sí hacen una buena labor, sino que los ayuda para que no sean confundidos con los pervertidos que también existen, lamentablemente, en el interior de la Iglesia Católica.

Eso demanda identificarlos, denunciarlos, expulsarlos y colaborar con la justicia. Esa labor que debió haber hecho –y no hizo– la iglesia, es la que está haciendo ahora la prensa. Lo que debiera indignar a Cipriani es por qué la iglesia belga, para salvar a uno de sus miembros, nos mandó a este pervertido al Perú.

P.D.– ¡Error!: La cita incluida ayer en mi columna sobre los desnudos no era de Karen Dejo, como señalé, sino de la artista Maricarmen Marín.

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Augusto Álvarez Rodrich Augusto Álvarez Rodrich

Augusto Álvarez Rodrich nació en Lima el 12 de octubre de 1959.


Obtuvo su título de Economista por la Universidad del Pacífico de Perú. Es Master en Administración Pública por la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard. También ha seguido cursos de especialización en las universidades de Stanford, Mánchester y Northwestern.


Trabajó en el Grupo Apoyo desde 1980 hasta el año 2002, en donde ocupó el cargo de Director Gerente de Apoyo Comunicaciones y Editor de las revistas "Perú Económico", "Semana Económica" y "Debate". También ha sido director del diario "Perú21", desde su fundación hasta noviembre del 2008 y luego, conductor del programa radial "Ampliación de Noticias" de Radio Programas del Perú RPP y Profesor Asociado de la Universidad del Pacífico. Igualmente, se ha desempeñado como director y conductor del programa televisivo "Dos Dedos de Frente" de Frecuencia Latina.


Actualmente, combina su labor como columnista del diario La República, con la conducción del noticiero "Primera Noticia", de ATV y los programas radiales "Claro y Directo" y "La hora loca" junto con la periodista y abogada Rosa María Palacios, ambos por Radio Capital.

Correo: alvarez.rodrich@glr.pe