Por Augusto Álvarez Rodrich
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30 años de organismos de derechos humanos en el Perú.
Las tres décadas recién cumplidas por los organismos que promueven la defensa de los derechos humanos en el Perú es una oportunidad para evaluar lo que estos han hecho en dicho período, así como para delinear su agenda futura con el fin de mejorar su contribución al país.
Toda proyección demanda identificar de dónde se viene y dónde se está ahora. En mi opinión, el movimiento de derechos humanos peruano ha cumplido un papel valioso para la defensa de estos y para el avance de la consolidación democrática.
Hoy se puede criticar la lentitud de algunos procesos por hechos ocurridos en la década pasada, pero hay avances innegables. La expresión más sólida de ello son las condenas por violación de derechos humanos a Alberto Fujimori, Vladimiro Montesinos, Nicolás Hermoza y buena parte de la cúpula militar que los acompañó. Los organismos peruanos de derechos humanos jugaron un papel muy importante.
En este contexto, es oportuno reconocer a los que, desde diferentes posiciones, contribuyen a ello, como el fiscal Avelino Guillén y los periodistas Carlos Tovar (Carlín) y Óscar Medrano, quienes esta noche recibirán los premios anuales otorgados por la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, así como a Carlos Iván Degregori quien recibirá un tan merecido reconocimiento especial por su valiosa entrega a esta causa.
La agenda futura del movimiento debiera ocuparse de un aspecto clave: lograr que el concepto de la defensa de los derechos humanos sea mejor comprendido, extendido y arraigado en la población. El apoyo que se observa en estos días a la denunciada existencia de un escuadrón policial para liquidar delincuentes es una expresión del déficit en este terreno.
Un avance en esa dirección requiere que la defensa de los derechos humanos se desvincule de una corriente ideológica específica –usualmente la izquierda– pues esto constituye una actitud vital de respeto a la condición humana de todos que absolutamente todos deben interiorizar.
Asimismo, la agenda debe incorporar una amplitud mayor a la usual para agregarle elementos de naturaleza económica, tolerancia a las diferencias raciales, religiosas, ideológicas y de orientación sexual, respeto a minorías étnicas, creación de oportunidades para personas con discapacidad, o establecimiento de condiciones de dignidad para ciudadanos en desgracia como los presos.
Finalmente, pero en modo alguno menos importante, la agenda futura del movimiento debe considerar la reivindicación de militares y policías, quienes sienten que sus derechos no han sido respetados como los de otros.
