Por Augusto Álvarez Rodrich
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Encuestas, políticos y medios cantan y bailan ‘la bamba’.
TACNA.- Le revelación de que el Apra filtró una encuesta bamba para levantar a su candidata presidencial y perjudicar a sus rivales podría ser otra anécdota de la estrafalaria política peruana, pero, en realidad, constituye una expresión más de su decadencia imparable.
Canal 7 divulgó anteayer una encuesta de Idice que dice que Mercedes Aráoz tiene una intención de voto de 11%, Luis Castañeda de 30%, Keiko Fujimori de 26.9%, y Ollanta Humala y Alejandro Toledo de 6% cada uno. El ‘problema’ es que, según informó ayer Diario 16, el sondeo era bamba. Nada menos.
De acuerdo con dicha versión, la ‘encuestadora’ Idice le envío al presidente Alan García el sondeo ‘bamba’ con el fin de ‘levantar’ a Aráoz y perjudicar a Toledo y Humala; el documento habría sido compartido con otros apristas vinculados a la campaña pero con la indicación de confidencialidad; pero Jorge del Castillo –experto en cuchipandas electorales y afines– le ordenó a Canal 7 que lo difundiera, lo cual ocurrió en los noticieros matutino y nocturno.
Todo esto solo aporta mayores indicios para quienes, como este columnista, creen que Idice no es una encuestadora sino una fábrica de cortinas de humo, lo cual contribuye a desprestigiar a todas las empresas de esta actividad.
Pero el escándalo tiene más aristas que solamente este fraude, porque ratifica, también, que el Apra es el partido que más sucio juega en las elecciones, que convierte a la mentira sistemática en su chaira preferida, y que está dispuesto a matar a quien sea en estos procesos, empezando por la verdad.
La capacidad de influencia perniciosa de las encuestas bamba se ve favorecida por la complicidad de algunos medios de comunicación que las difunden tal como si fueran de las compañías serias que sí hay en el mercado peruano.
Algunos lo hacen por ignorancia, otros por distraídos, otros por quedar bien con el gobierno –que suele enviar estos sondeos bamba, ‘con el ruego de su publicación’–, y otros porque sus resultados coinciden con lo que quisieran que ocurra. Pero, a veces, su difusión es inexplicable. Por ejemplo, durante la última elección, El Comercio tenía un contrato con Ipsos-Apoyo pero difundía, como ‘contrapeso’, las encuestas de Idice.
La necesidad puede empujar a defender lo increíble, como ayer cuando la candidata –¿candidaza?– Aráoz sostuvo respecto a Idice que “no tengo por qué dudar de su veracidad”. Si así empezamos, Mechita, ¿cómo llegaremos en abril? (si llegamos, quiero decir).
Encuestadoras bamba; políticos pendencieros; candidatos desesperados; y medios distraídos, ingenuos, arrodillados o interesados, constituye un combo ideal para ahondar la desconfianza y el desprestigio de la política en el ciudadano.
