¿Cuándo cambio Ollanta Humala? El hombre que entrevisté innumerables veces desde el 2005 y que aseguraba que los contratos podían desconocerse y que el canon no salía de los impuestos que pagaban las empresas mineras sino “del Estado” (como si este generara riqueza por sí mismo) ¿Dónde está? ¿Dónde está el que desconocía la Constitución de 1993 y quería regresar a la de 1979? ¿Dónde está el hombre que quería “nacionalizar” el Perú?
Esta semana conocí algunos hechos que pueden aclarar el misterio. El Plan de Gobierno “la Gran Transformación” presentado por el partido Gana Perú al JNE para las elecciones de este año causó gran controversia en el proceso electoral. El texto, de casi 200 páginas, tenía como visión resumida el resucitar al Estado como gran propietario de la empresa pública en casi todas las áreas de la economía desechando el modelo “neoliberal”. El planteamiento ya era lo suficientemente malo para espantar cualquier inversión. Sin embargo, el diablo estaba en los detalles. Desde el control de medios de comunicación, purgas ideológicas, negocios brasileros o creación de nuevos impuestos sólo por recordar algunos. Casi cada página tenía alguna delicia de ese tipo.
Antes de la primera vuelta, Humala emitió un documento de compromiso, muy parecido al que Lula usó para ganar la Presidencia en Brasil, que contradecía el plan. Sin embargo, recuerdo a Javier Diez Canseco la noche de la primera vuelta asegurarme que del plan original no se cambiaría “ni una coma”. Luego de la segunda vuelta, y a pesar de la promocionada “Hoja de Ruta”, nunca hubo un claro deslinde. No había forma de que algún vocero de Gana Perú mandara al archivo el mamotreto estatista. Y vaya que se los pedí.
Esta semana conocí qué fue lo que pasó. El grupo de Plan de Gobierno, liderado por el economista Félix Jiménez, preparó un documento con otros intelectuales de izquierda que ni los Humala ni su más cercano entorno político leyó completo. Humala pidió que se presentara un documento breve para cumplir con el requisito formal. Con buena o mala fe, eso nunca se sabrá, “alguien” introdujo el proyecto del plan completito. ¿En la esperanza de amarrar al candidato a unas convicciones económicas que ya no tenía? ¿Asustados porque el candidato creía ya para ese entonces en la estabilidad de los contratos o en la inversión privada como motor de la economía?
¿Por qué nunca se deslindó con la improvisación? ¿Qué temores aconsejaron no hacer lo obvio?
Nunca lo sabré. Grave error. Humala ganó las elecciones siendo la esperanza de la izquierda y la pesadilla de la derecha. Pocos sabíamos que no era ni lo uno ni lo otro. Su plan, su compromiso, iba ya por otros caminos hacía meses. Bien por la economía peruana, mal por la ética política. ¿No debería conocer usted por quién vota?
Visto así, la salida de Salomón Lerner de la PCM no es más que el punto final de este año de falta de consistencia. Lo que se debió haber arreglado la noche de la primera vuelta, recién se arregla, para bien o para mal, hoy. La intelectualidad de izquierda que acompañó a Humala se convirtió en un lastre que ya no quiere cargar.
Resuelto entonces el misterio del plan. Ese que nunca se aprobó. Cabe preguntarse entonces, ¿cuál es el plan de este Gobierno?
