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Vieja encrucijada

Por Javier Diez Canseco

La sorpresiva renuncia de una treintena de militantes y dirigentes al Partido Socialista, incluyendo su Secretaria General, para marchar hacia otra organización política –la del Padre Marco Arana–, coloca sobre la mesa política de hoy varios asuntos. Si bien soy Secretario de Frente Único del PS por encargo de la SG, no pertenezco a la Comisión Política ni al Comité Ejecutivo Nacional.

Puse mi cargo a disposición después de las elecciones del 2006 y no postulé a cargo alguno. Susel Paredes postuló a la Secretaría General y yo voté por ella, aunque ciertos sectores, erróneamente, no participaron y desconocieron el proceso. Pero quiero analizar esta renuncia desde la encrucijada que plantea a las fuerzas del cambio.

Los renunciantes han decidido formar el MAS y, desde él, trabajar con el Padre Arana en una propuesta de renovación y forja de una alternativa. Ojo, una alternativa real implica una amplia unidad de fuerzas y un liderazgo legítimo y colectivo. El PS, que abandonan, acordó en dos eventos nacionales promover un Frente Amplio por el Cambio, por un Nuevo Perú: una Nueva Constitución, una Constituyente y un Nuevo Gobierno que abran paso a la justicia social, a la democracia participativa y comunitaria, efectiva descentralización y un Perú plurinacional, a una economía al servicio de la gente que recupere soberanía sobre nuestros recursos naturales, con un Estado que regule, redistribuya riqueza y atienda a la gente.

Es decir, una amplia unidad de las fuerzas del cambio, con unidad programática para gestar una real opción de gobierno y de poder popular organizado, a cuyo interior debería definirse –democráticamente–la candidatura que mejor represente la opción de cambio y cuente con los equipos colectivos capaces de gestar y gestionar un gobierno del cambio. El PS no plantea un “candidato natural” del Frente, no veta militares o sacerdotes, ni excluye a ningún sector que batalle por el cambio basado en la lucha política y social.
No es la primera vez que sectores de izquierda desprecian el valor de la unidad y ponen por delante el perfil propio. Ser dueño de la verdad y mal manejar las diferencias es un viejo error. Si no puedes mantener la unidad de un partido, ¿cómo predicar la unidad más amplia? El PS promovió una nueva relación entre partidos y movimientos sociales. Por ello impulsó e integró la Coordinadora Político Social (CPS) junto a gremios, movimientos sociales y regionales, y partidos progresistas, nacionalistas y de izquierda, para reagrupar fuerzas por el cambio. Por lo mismo es parte del Frente Nacional por la Vida y la Soberanía (Frenvidas) que coordina AIDESEP y se forjó al calor de la extraordinaria lucha de los pueblos indígenas amazónicos.

El PS tiene un Grupo de Trabajo de Frente Único con la Secretaría de Movimientos Sociales. Y desecha la tesis de que los movimientos sociales son correas de transmisión de los partidos. Los entiende como interlocutores y contralores de éstos, reconociendo y bebiendo del protagonismo político de las fuerzas sociales. Caminando con ellas en las decisiones políticas. En esa batalla, el PS también reconoció e impulsó fuerzas regionales y descentralistas contra viejas ideas. Pero los renunciantes caminan a un movimiento que no es parte de los bloques políticos sociales, como Frenvidas o la CPS. ¿Será ese el camino renovador?

Finalmente, retirarse en vísperas de un Congreso Nacional Extraordinario del PS a realizarse en diciembre, propuesto y acordado –entre otros– por los mismos miembros de la dirección que ahora se aleja, es patear el tablero en lugar de debatir y encontrar salidas a las diferencias. Ese estilo, el de patear el tablero en los partidos y en procesos de Frente Único, ha sido uno de los más graves problemas de las izquierdas.

Un lamentable hecho puntual, irreflexivo, pero que alerta sobre encrucijadas que podría enfrentar el Frente por el Cambio que nos es tan urgente.

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Javier Diez Canseco Javier Diez Canseco

Javier Diez Canseco Cisneros (Lima, 1948) Estudió derecho en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos entre 1967 y 1968, y sociología en la Pontificia Universidad Católica del Perú entre 1965 y 1971.
Postuló a la Asamblea Constituyente de 1978 y salió elegido, pese a haber sido expulsado del Perú durante el gobierno militar. Desde ese momento se dedicó por completo a la política y fue elegido numerosas veces como diputado (entre 1980 y 1985), senador (entre 1985 y 1992) y congresista (en los periodos 1995-2000 y 2001-2006) de la República del Perú. Durante los primeros años formaba parte del Partido Unificado Mariateguista, uno de los miembros de la Alianza Izquierda Unida.
En el 2001 se lanza como candidato invitado por Unión por el Perú . Durante su gestión parlamentaria enfocó su actividad en políticas de pacificación, contra el narcotráfico y contra la corrupción, así como en temas de derechos humanos, especialmente los referentes a las personas discapacitadas y las minorías sexuales.
Para las elecciones generales del Perú de 2006 fundó el "Partido Socialista del Perú" con base en el Partido Unificado Mariateguista.
Actualmente es Congresista del Perú.