Por Federico Salazar
Voceros del gobierno han pretendido acusar a Abimael Guzmán de haber cometido delito de apología del terrorismo. En su libro De puño y letra no hay ningún trazo de tal ilícito.
Comienza con una autobiografía. Los comunistas, dice, no se centran en los hechos personales porque ellos son “hechura social”. Curiosamente, Guzmán da detalles de su vida como si de una hagiografía se tratara.
Somos “hechura social”, pero te cuento que hasta jugaba fulbito, que gané diplomas, y fui a kermeses. Guzmán reproduce su manifestación policial. En ella dice que no reconoce al Estado, ni a ningún Estado, “derecho alguno a enjuiciarme por terrorismo”.
Más adelante, sostiene la nulidad del procedimiento en su contra. Ese procedimiento, dice, es “absolutamente nulo, inexistente jurídicamente hablando, en cuanto viola todos los principios universales, reconocidos por el propio Estado peruano”.
La contradicción es flagrante. No reconoce al Estado peruano, pero sostiene la nulidad del procedimiento apoyándose en “las normas constitucionales del país”.
¡En qué quedamos! El Estado no tiene derecho para enjuiciarlo, pero recurre a la Constitución (del Estado) para declarar la inexistencia jurídica del procedimiento.
Parece que Guzmán estaba muy ocupado con las kermeses y los estudios de francés, inglés y alemán, porque los de derecho no le aportaron mucho. Su defensa es una seguidilla de contradicciones.
El gobierno de Fujimori, dice básicamente, es un gobierno írrito y, por tanto, la acusación en su contra carece de sustento. Como quien dice “los asesinatos de mi organización dejaron de ser asesinatos porque había un gobierno ilegítimo”.
Guzmán quiere que veamos su histórica caligrafía tipo Palmer y sus inmarcesibles subrayados escolares. Quiere que veamos sus fichas sobre derecho procesal, sus citas bibliográficas y sus errores ortográficos. Guzmán se considera muy importante. Incluso cree que deben ser parte de la historia sus relaciones sentimentales.
A su primera esposa, Norah, le agradece su ensalzamiento. “De tu experiencia y labios salieron, respaldado por la Fracción: ‘pensamiento guía’ primero, ‘pensamiento Gonzalo’, después, ‘aprender del Presidente Gonzalo’ y… ‘no dar un solo paso sin la dirección personal del Presidente Gonzalo’. ”El individuo Guzmán está por encima de todo. Los demás son “hechura social”. Aquí hay megalomanía, no apología del terrorismo.
Cabe preguntarse, entonces, por qué voceros del gobierno negaron la circulación del libro bajo tan pedestre argumento.
Los libros hay que leerlos, no incendiarlos.
