El gobierno despidió al asesor Carlos Tapia. “Si yo fuera cajamarquino, dijo, también estaría con los movimientos protestatarios”. Ese coqueteo con las protestas en Cajamarca le costó el puesto.
“Si tanto crees en la protesta, sal del gobierno. El gobierno está para servir a los ciudadanos y arreglar las cosas, no para hacer más problemas”. Éste podría ser el razonamiento para despedir a Tapia de la Presidencia del Consejo de Ministros.
El despido parece un tanto excesivo, si fue sólo ése el motivo. Habría bastado una llamada de atención para que el exasesor se diera cuenta de que una posición en el gobierno es distinta a una posición en un evento electoral.
El gobierno ha querido dar una señal de autoridad, de línea, de liderazgo. Eso no se puede reprochar, pero sí sorprende. Sorprende, sobre todo, porque no es la vara con que se mide a Omar Chehade.
El señor Chehade se reunió con unos generales en un restaurante. Lo hizo para tratar, entre otras cosas, el caso de un eventual desalojo en Andahuasi.
El doctor Chehade no había sido encargado por el presidente Humala para tal efecto. Sólo almorzar con los generales en Brujas de Cachiche ya era irregular.
La falta de Chehade es, claramente, mayúscula y sustantiva frente a la opinión, quizá desubicada, de Tapia. Chehade realizó acciones, Tapia emitió opiniones. Chehade es ¡vicepresidente!; Tapia, exasesor.
Frente a Chehade no hay autoridad, ni liderazgo ni línea. A Chehade no se le pide la renuncia, sino que se “espera que renuncie”. ¿Por qué no salió el presidente del Consejo de Ministros a decir que “esperaba” que Tapia renuncie?
Lo que ha sucedido con Carlos Tapia no debería revestir mayor trascendencia. A la luz, sin embargo, de lo que no ha sucedido con Omar Chehade, llama poderosamente la atención.
La diferencia podría estar en el pasado. Omar Chehade defendió a Ollanta Humala en el caso Madre Mía. Carlos Tapia, antes del 2006, dijo sobre Humala que cualquiera que hubiera tenido mando militar en el Huallaga en 91-92 “tenía que estar involucrado en abusos de lesa humanidad”, según WikiLeaks (cable 51973).
Puede ser alguna cuenta del pasado o puede ser una debilidad frente a Chehade. Ambas cosas son preocupantes. Cuando una autoridad se ejerce sobre el más débil y no sobre el más poderoso, pierde vigor moral en vez de ganarlo.
No es eso lo que se espera del presidente del Perú. Por eso suponemos que, ahora, éste le exigirá la renuncia a Omar Chehade. De por medio está el principio de autoridad y el liderazgo presidencial.
