Por Federico Salazar
No es un problema de dinero. Lo que pasó en el Valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE) no tiene que ver con los presupuestos. Verlo así es un grave error.
Murieron 14 soldados tras un ataque narcoterrorista. Solo después de enterrar a los muertos se hacen planes, se elaboran presupuestos y se revisan prioridades.
El gobierno no ha hecho su tarea. En el VRAE se tuvo que administrar los recursos que había. Los soldados no cayeron por falta de armamento o municiones. Cayeron por no seguir una cartilla de seguridad. Cayeron porque no hubo un mando con criterio y autoridad.
Falta estrategia, falta inteligencia, falta liderazgo. Faltan planificación, orden, supervisión. Para eso no se necesita solo presupuesto, sino responsabilidad.
Lo que hay es abandono y negligencia. Los ministros pueden prometer todo en veinte días. Pero las cosas ya sucedieron, y vienen sucediendo desde hace años.
No es casual que hayan matado a un soldado menor de edad. ¿A quién se le ocurre que un chico de 16 o 17 años puede ir al VRAE? ¿O es que acaso se trata del primer ataque?
¿Y eso va a cambiar porque modifiquen la edad permitida para soldados en zona de conflicto? ¿Acaso se necesita una directiva para que no manden a adolescentes a enfrentar al narcoterrorismo?
¿Conocemos al irresponsable que permitió su conscripción? ¿Ha sido sancionado? ¿Y los que tuvieron a ese muchacho bajo su mando? Nadie dijo nada en más de un año.
Escuché al ministro de Defensa cuestionar a los padres. ¿Dónde estaban esos padres?, se preguntaba en tono de queja. ¿Echar la culpa a los padres? Si así fuera, sería una cobardía. Es el ministro de Defensa el que tiene que asumir su responsabilidad.
Con relación al ilegal y absurdo reclutamiento del adolescente, dice el ministro de Defensa que “rodarán cabezas”. Pero, ¿y la suya? ¿Ha presentado su renuncia el ministro?
No pasa nada. Ni pasará. Aumentarán los recursos para el VRAE, veremos congresistas desafiantes y veremos ministros compungidos, pero nada cambiará.
Mientras no haya responsabilidad política y penal, nada va a cambiar. El día que uno solo de los responsables vaya a la cárcel, veremos cómo cambia la atención sobre el tema.
El gobierno cree que es cuestión de extender un cheque. Con eso los ministros tranquilizan sus conciencias y los congresistas se dan por satisfechos. Como si el cheque, mágico y providencial, volviera responsables a los negligentes y devolviera criterio a los descerebrados.
Mientras nadie asuma su responsabilidad, nada cambiará. Como se decía para el fútbol: aquí no pasa nada.
