Por Federico Salazar
Luego de la elección de hoy domingo empezará la escuelita. El candidato que resulte elegido pasará de la fantasía a la realidad del gobierno municipal.
Por lo que hemos escuchado en la campaña, los candidatos en general no revelaron mucho conocimiento de la materia municipal. En el tema de seguridad, por ejemplo, se confundió el ámbito municipal con el del ministerio del Interior.
Incrementar el número de efectivos o crear un sistema para contratarlos en sus días de franco no son competencias municipales. Son temas que sólo se deben decidir en el ámbito nacional y desde el Ejecutivo.
Las campañas terminaron y a partir de mañana quien resulte elegido tendrá que empezar a conocer qué puede y qué no puede hacer. En realidad, habrá ganado una beca para aprender sobre gobierno municipal.
Lo malo de esta beca es que el costo lo va a pagar la ciudadanía. Habrá errores, tiempo perdido, gestiones inútiles, además de algunas acciones, esperamos, valederas.
No solo se trata de un aprendizaje relacionado con las competencias. El nuevo alcalde o alcaldesa aprenderá qué cosas llevan a buen puerto y qué otras cosas no.
El presidente Alan García, por ejemplo, aprendió sobre la inflación. Durante su gobierno de 1985-90 hizo una inflación acumulada de más de dos millones por ciento. El último diciembre de aquella gestión la tasa anual fue de 7,650 por ciento.
En la actual gestión, sin embargo, las tasas anuales más altas no han pasado de 4 por ciento, y este año se espera terminar en 2,5 o cerca de esa cifra. Se puede decir que el presidente García aprendió lo que es la inflación.
El gobierno es, pues, una escuelita. Lo mismo va a suceder con el gobierno municipal. En esta campaña se han propuesto desde helicópteros para la seguridad ciudadana hasta bonos de cien soles para la alimentación de los pobres.
Ojalá el costo de la beca no sea demasiado alto. La ciudad necesita ejecutar un planeamiento urbano más allá de los cuatro años de la gestión edil. No podemos improvisar más en transporte, en seguridad, en limpieza, entre otros temas críticos.
Ojalá el alcalde o alcaldesa deje de lado compromisos, ideologías y prejuicios y comience desde el primer día a ejecutar el plan que Lima necesita.
Rectificación. En mi columna anterior dije que Vargas Llosa le propuso a Fujimori en 1990 que renuncie a su candidatura. Me equivoqué. Vargas Llosa le propuso renunciar él mismo para que Fujimori forme un gobierno de unidad nacional. A pesar de ello, no cambio un milímetro mi opinión sobre la inteligencia política de Vargas Llosa.
