Lo que suceda con el proyecto Conga en Cajamarca será decisivo para el actual gobierno. Si no se logra concretar el proyecto, no solo caerá una inversión. Caerá el atractivo del Perú como plaza de inversión.
No sé si la minera haya cumplido con los requisitos legales medioambientales. Ignoro si trata de estafar a las comunidades para dejarlas sin agua.
No tengo que saber eso por ahora para saber, sin embargo, que si el proyecto no prospera, el gobierno se quedará sin la bandera del crecimiento. Como saben los economistas, sin crecimiento, no hay mucha inclusión social que se pueda ofrecer.
Conga es un proyecto de 4.500 millones de dólares. Sería la inversión más grande hasta ahora. Equivaldría a lo que fue Telefónica para el período de Fujimori o Camisea para Toledo-García.
Desde el punto de vista de la estrategia económica, la continuidad del proyecto es decisiva. Por el monto en cuestión la atención a nivel internacional es extrema. Su suerte traerá o cerrará la puerta a potenciales inversionistas.
Lamentablemente no hay claridad sobre lo que pueda pasar. El jefe del Estado no es capaz de decirnos si el proyecto va a o no. No depende de él y él no sabe a dónde vamos.
Esta falta de liderazgo y decisión es parte del problema. No genera confianza. La confianza pertenece a un ámbito subjetivo pero determinante de la economía.
Si Conga no se llega a realizar, no vendrá una debacle inmediata. Ocurrirá, en cambio, una disminución del ritmo y monto de inversiones grandes. Entraremos a una fase de erosión, lenta y gradual, del capital invertido.
El plan de gobierno se basa en el crecimiento. Toda la inversión en áreas sociales se basa en la posibilidad de disponer de excedentes fiscales. No habrá excedentes si no hay crecimiento.
Si la minera cumplió los requisitos y adelantó una parte de la inversión, entonces el problema se agravará. Quedará establecido que no hay normas que garanticen la seguridad jurídica.
A nivel internacional nos verán como un callejón. Tendremos un lugar desde donde se atrae la inversión con leyes, pero donde esa inversión es objeto de secuestro por los políticos regionales.
Tendrá que descartarse el ideal del gobierno de una economía de crecimiento con inclusión. Comenzarán los problemas. Si a eso se agrega un contexto internacional desfavorable, podríamos despedirnos de las políticas de inclusión social.
El gobierno, en ese momento, tendrá que escoger entre sumarse a la ola de protestas o mantener el manejo responsable de las cuentas fiscales. En este momento, todavía puede escoger.
