Por Federico Salazar
Dice Luis Carranza, ex ministro de Economía, que “necesitamos un país de ingenieros y no de cocineros”. Él sabe, tiene la receta.
Si uno compra una receta tendrá, por supuesto, que convocar al médico. Ése es el negocio de los conferencistas y los gurús. El señor Carranza está en ese negocio, pero se equivoca.
No necesitamos más ingenieros. Necesitamos que la gente pueda hacer lo que quiera y que quiera hacer lo que le venga en gana.
Si a los jóvenes les gusta la gastronomía, ¿cuál es el problema? Para el “modelo” en el que cree Carranza, sobran cocineros y faltan ingenieros. Como si ser ingeniero nos hiciera más imaginativos, más honestos o más ejecutivos.
La competitividad no viene de un plan de estudios ni de una carrera. Viene de personas que quieren hacer mejor su trabajo. Si me hago ingeniero porque “eso es lo que el país necesita”, ¿voy a volverme milagrosamente más competitivo?
Al señor Carranza le preocupa que no haya quién desarrolle los proyectos que él cree deben darse en las regiones. Cree que poniendo institutos vinculados a las necesidades regionales se resolverá el tema. Se equivoca.
Si alguien quiere pensar en las necesidades de las regiones, está bien. Pero no está mal el que no piense en eso. Si Calixto Romero Hernández se hubiera quedado pensando en las necesidades de su región, hasta ahora estaría vendiendo sombreros de paja en Catacaos.
Bill Gates y Steve Jobs (Microsoft y Apple) no se hicieron ingenieros. Abandonaron la universidad y se dedicaron a los negocios. Pensaron en ganar dinero y por eso se hicieron competitivos.
“Debo ser competitivo porque lo dice el señor Carranza y por eso busco qué hacer”. Es al revés.
La gente quiere hacer negocio y ganar dinero. Si el Estado demuestra que no dará privilegios ni prebendas, no le quedará otra a esa gente que ser competitiva para ganar.
El patriarca de la familia Añaños, que yo sepa, no estudió ingeniería. Tampoco, Isaac R. Lindley. Ellos tuvieron una visión de negocio. Lucharon por ella contra viento y marea. ¿En qué facultad de ingeniería se enseña eso?
Dejen libres a las personas para hacer lo que les venga en gana. Cuidemos, tan solo, que esa libertad no trasgreda los derechos de todos los demás.
Esta no es, por supuesto, la receta de las CADE. Ahí se ofrecen fórmulas y recetas, contactos y alianzas entre empresarios y políticos. Se ofrece un “entendimiento” en torno al manejo del poder. Ese es, justamente, el camino contrario al desarrollo y la civilización.
Necesitamos más gente libre, nada más.
