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La mentira como una de las bellas artes

Por Federico Salazar

El ex ministro Francis Allison está con grilletes electrónicos en Estados Unidos. Enfrenta cargos criminales por haber mentido a Migraciones de ese país.

Allison ha dicho que “no sabía” que debía informar sobre montos superiores a 10,000 dólares. El señor Allison declaró en un documento una cantidad inferior a la que portaba. Mintió. Sabía que mentía, porque en su casaca llevaba más dinero que el que declaraba.

Si llevo 50 mil dólares, ¿por qué tengo que decir que llevo 20 mil? Incluso desde un punto de vista de seguridad, me conviene decir que llevo 50 mil y no 20 mil dólares. Si pasa algo, ¿cómo reclamar?

Allison dijo primero que estaba sacando sus ahorros porque estaba sin trabajo. Después dijo que sacó el dinero porque iba a hacer un negocio que al poco tiempo se cayó. Todas son mentiras.

20 mil dólares son una cantidad considerable. Si ya estoy declarando cantidades tan altas, ¿por qué no declaro los 50 mil?
Allison quería ocultar la información. La mentira es en Estados Unidos delito federal. Allison no se salvará de la cárcel.

En el Perú ha causado indignación que el ex ministro transportara tanto dinero en efectivo y que haya mentido a las autoridades norteamericanas. La suya, lamentablemente, no es la única coartada ni la única mentira.

No ha causado suficiente indignación, por ejemplo, que varios parlamentarios hayan aceptado dádivas de –y negocios con– la Universidad Alas Peruanas. En esos casos la respuesta también ha sido “no sabía”.

Varios de los legisladores recibieron la benevolente amistad del rector de la Universidad Alas Peruanas. A algunos les propuso hacer negocios.

“Compremos un terreno”, decía, al parecer, el rector. “Después se lo alquilamos a la universidad”. “No puedo estar solo, necesito un socio, tú eres la persona ideal”, pudo haber dicho.

Varios parlamentarios, de esa manera, se convirtieron en socios del rector y en proveedores de una universidad que pagaría varias veces el alquiler de lo que, en realidad, podía comprar. Los parlamentarios permanecían calladitos y felices.

El rector es un “as” de los negocios. Como accionista, sabía que la universidad (él mismo) pagaría el alquiler. Como rector, no le decía a la universidad (él mismo) que en realidad el alquiler valía tres veces menos.

Como Allison, esos parlamentarios querían hacer negocios amparados en el ocultamiento, la coartada y el engaño. Esperamos que también se levante la indignación contra estos artistas de la mentira, émulos del ex ministro.

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Federico Salazar Federico Salazar

Federico Salazar cursó estudios de Filosofía en la Universidad Mayor de San Marcos, fue profesor de comunicación en la Universidad San Ignacio de Loyola, co-conductor de programas periodísticos en Radioprogramas del Perú. Ha sido jefe de la sección financiera del diario La Prensa, editor de la revista Meridiano de Lima, columnista de los diarios Expreso, Ojo, Universal y Gestión.

 

Fue encargado de la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Comunicación de la Universidad San Ignacio de Loyola y es profesor de cursos de periodismo en el Centro Cultural de la Universidad Católica y la Universidad Particular San Martín de Porres, así como director de la revista mensual Quid. Actualmente se desempeña como periodista en el noticiero de América Televisión "Primera Edición".

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