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Mecenazgo fiscal

Por Federico Salazar

La ley que promueve el Mecenazgo Cultural no va a promover la cultura, sino el clientelismo y la trampa fiscal.

La cultura es algo que todos queremos apoyar y mejorar. También el deporte, la investigación científica o la atención a los ancianos, a los niños abandonados, a los jóvenes desempleados.

Hay muchas necesidades que no se atienden en el proceso regular del funcionamiento del mercado. Se suele recurrir para ello al excedente económico que administra el Estado.

La gran idea de los legisladores apristas es agregar una fuente de financiamiento: el privilegio fiscal. La empresa o entidad que apoya la cultura, según ellos, debe recibir una ventaja fiscal.

El mecenas podría descontar su aporte en un 100% del impuesto a la renta. El patrocinador (universidad u ONG), a través del cual se gestiona ante el INC, podría usar el 50% de ese gasto para reducir su utilidad fiscal y, de esa manera, pagar menos impuestos.
Con esta norma el que financia el proyecto es, en realidad, el Estado, al dejar de cobrar impuestos.

Aquí no hay nada que vaya a incrementar los aportes a la cultura. Además, el proceso se va a burocratizar a través del INC, que deberá aprobar los proyectos “en no más de quince días”.

Al convertir al INC en un emisor de certificados, se le dará un poder económico muy peligroso. Además, ¿quién vigilará que se den las autorizaciones y que se otorguen en el tiempo establecido?

El esquema necesita más funcionarios. Por un lado le quita recursos al fisco; por otro, aumenta sus gastos. Los congresistas apristas no saben hacer cálculos.

Un sistema semejante establece un privilegio fiscal para las empresas que logran obtener un certificado del INC. ¿Y los empresarios pequeños? ¿Y los que no tienen margen para invertir en un proyecto de cultura?

Se supone que lo que una empresa gana o pierde debe estar relacionado con lo que aporta o no al mercado. Esta norma hará que la ganancia dependa no de lo que sé hacer como empresario, sino de lo que puedo lograr a través de la burocracia de la cultura.

No debemos la poesía de Vallejo ni la pintura de Shinki, la cinematografía de Pancho Lombardi o Claudia Llosa a los descuentos en el impuesto a la renta de ninguna empresa. Se las debemos a su talento, su creatividad y su trabajo.

Beneficiar a empresas porque creen que deben aportar a la cultura es un contrasentido. Si lo quieren hacer, que lo hagan a su costo y riesgo. Ésa es una forma, dicho sea de paso, de garantizar que cuidarán a dónde va cada sol invertido en el amplio rubro de la cultura.

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Federico Salazar Federico Salazar

Federico Salazar cursó estudios de Filosofía en la Universidad Mayor de San Marcos, fue profesor de comunicación en la Universidad San Ignacio de Loyola, co-conductor de programas periodísticos en Radioprogramas del Perú. Ha sido jefe de la sección financiera del diario La Prensa, editor de la revista Meridiano de Lima, columnista de los diarios Expreso, Ojo, Universal y Gestión.

 

Fue encargado de la Facultad de Ciencias y Tecnologías de la Comunicación de la Universidad San Ignacio de Loyola y es profesor de cursos de periodismo en el Centro Cultural de la Universidad Católica y la Universidad Particular San Martín de Porres, así como director de la revista mensual Quid. Actualmente se desempeña como periodista en el noticiero de América Televisión "Primera Edición".

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