Por Federico Salazar
Lo que nos depara el 2010 se resume en cuatro letras: nada. El gobierno no ha hecho nada para obtener resultados y, en consecuencia, no los tendrá.
Se teme la farra fiscal. El cambio de ministro ha dejado cierta intranquilidad. Y está justificada.
He sido crítico del ministro Carranza, pero por razones inversas a las de la mayoría. Yo creo que aceptó demasiadas concesiones al jefe del Estado. Yo creo que fue blando en el manejo fiscal.
Un ministro de Economía disciplinado no hubiera soltado el dinero, por ejemplo, para el tren eléctrico. Más de 400 millones de dólares para darle gusto al presidente con 12 kilómetros de vía es una cantidad excesiva.
Mi mayor crítica, sin embargo, se refiere al futuro. Con Carranza no se hizo ninguna reforma institucional referida a la administración pública.
Lejos de aumentar la productividad en el sector público, es presumible que ésta haya descendido. Se abrieron las puertas del barco burocrático y se avanzó más lento en los resultados.
Las transferencias a las regiones no estuvieron acompañadas de transferencia en la capacidad de gestión de proyectos. El resultado ha sido que se han destinado recursos y no se ha hecho obra.
La ministra Aráoz tiene buenas intenciones, sin duda. Ingresa, sin embargo, sin un programa de acción de reducción del gasto y de mejora de su eficiencia. Tiene que armar ahora el programa y preparar ahora a la gente que lo administre.
En el camino va a tener que contener los ímpetus electorales del presidente. Va a tener que decirle que no altere la tranquilidad política, que no se ponga a crear más ministerios, que deje de competir con la Municipalidad de Lima en temas de transporte urbano, entre otras cosas.
Mercedes Aráoz no parece ser la dama de hierro. Tampoco, felizmente, es un emblema de irresponsabilidad. Lo más probable es que se constituya en una administradora de la recuperación del mercado internacional. Dudo, sin embargo, que avance más allá de eso.
Puedo equivocarme, por supuesto. Ojalá. Si así fuera, tendríamos que ver en los primeros días de enero el anuncio de la reforma del Estado.
¿Dónde están la reforma de la administración pública, del sistema de seguridad ciudadana, de la administración de justicia y del derecho y sistema penal? ¿Cómo mejorar la salud pública y los programas de educación?
Sin estas reformas básicas no pasará nada. Seguiremos la tendencia mundial, esperando el aliento de China o Brasil para compensar las restricciones del comercio con EEUU y Europa. O sea, nada.
