Por Federico Salazar
Una ola de optimismo invade ciertas esferas del país, incluidas las gubernamentales. El optimismo no es malo, siempre que no nos lleve a la fiebre y la alucinación.
El presidente García podría ser una de las víctimas de esta epidemia selectiva, muy selectiva. En su Mensaje a la Nación hizo un llamado a que “seamos optimistas como buenos peruanos”.
El primer síntoma de este problema de percepción es creer que el optimismo es por sí solo una fuerza económica o social. Es un error creer que si uno es optimista uno es un “buen peruano”.
El Presidente cree que todo va a mejorar con las reformas que dispone en descentralización, educación, salud, administración de justicia y reducción de la pobreza.
El presidente García confía en la “descentralización popular”. Cree que entregarle dinero del presupuesto directamente a grupos de pobladores permitirá la ejecución de obras.
Con ello pone de lado la especialización en la administración pública. Deja buena parte de las obras en manos de grupos organizados. Como si no existieran mafias en la construcción civil o como si no hubiera pasado nada en el gobierno regional de Áncash.
Para el Presidente, reforma de la administración de justicia es acelerar los procesos. Eso es necesario, pero no es lo esencial de lo que debe cambiar en la justicia.
Lo primero es el problema de la corrupción. Ni una palabra de eso.
También deben cambiar el sistema de sanciones y beneficios penitenciarios. Para mejorar la justicia hay que mejorar la decisión judicial y de eso no se ha dicho nada.
En cuanto a la salud, el optimismo tampoco ha hecho mucho. El Presidente se contenta con todo lo que está en el papel. El llamado Aseguramiento Universal se presenta como “el proyecto central”.
Este proyecto “central”, sin embargo, no es otra cosa que un organigrama. Un nuevo organigrama. En el papel se “integran” las postas médicas y centros de salud ya existentes del Minsa con los de Essalud.
¿Acaso hay una sola atención médica más? ¿Acaso ha mejorado la atención a los pacientes? Si un paciente sufrió la amputación de su pierna sana por la criminal calidad de atención, ¿qué pasará ahora?
El Presidente cree que la economía mundial se recuperará “en breve”. No ve los efectos que vendrán de la deuda pública norteamericana, los déficits fiscales europeos o la excesiva inyección monetaria de bancos centrales importantes. Ni lo ve ni prepara al Estado para eso.
Queremos ser optimistas, pero el mensaje presidencial lo impide. De hecho, preocupa que el optimismo afiebrado no deje ver la realidad.
